Año IX - Número 52
Actualizado a 29/05/2011
Manuela García. Valencia, enero`09.
La Navidad, los Reyes Magos y una exposición en Madrid sobre una de las muñecas españolas más famosas, me ha recordado que Mariquita Pérez y yo tenemos la misma edad, aunque he de reconocer que ella se conserva mucho mejor. Nunca pude tener una, pero les confesaré que eso no me ha supuesto ningún trauma, ya que cuando yo era niña la mayoría de las familias de este país, y entre ellas estaba la mía, no se podían permitir el lujo de pagar 100 pesetas por un juguete cuando el salario medio de un obrero de la época, suponiendo que tuviera trabajo, estaba en esa misma cantidad. Sin embargo recuerdo que a mi prima Lolita si que le dejaron una sus majestades, por cierto que ahora creo que está muy apenada porque no sabe como pero el caso es que su apreciada muñeca se ha perdido. Yo tuve una parecida, la Gisela, la cual, al menos en su primera época, debía ser mucho más barata sobre todo si no se compraban todos los complementos de que disponía. Junto a ellas estaban las llamadas “muñecas peponas” que al precio de un duro eran más asequibles a los bolsillos de los sufridos padres. En todo caso tanto la Mariquita como la Gisela o las peponas eran muñecas que nacieron para jugar en una época en la que las niñas aún soñaban con ser como sus mamás, aunque el tiempo las haya convertido en un objeto de coleccionista y que sus antiguas dueñas, ya convertidas en abuelas, no se las dejen tocar a sus nietas.
En la exposición de Madrid pueden verse más de 100 modelos diferentes de la Mariquita Pérez junto a otras de su hermano Juanín y montones de accesorios, ilustraciones y publicaciones sobre ella, así como otras muñecas de los mismos años.
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