Año IX - Número 53
Actualizado a 29/05/2011
Manuela García. Valencia, enero`09.
En junio de 2007 comentábamos desde “Arte y Libertad” la puesta en escena aquí en Valencia en un modesto teatro, Teatro Círculo, y por un modesto grupo, Recerca Teatre, dirigido por Nacho García, de un montaje de dos obras de Harold Pinter, un dramaturgo que a pesar de ser el más destacado representante del drama inglés en la segunda mitad del siglo XX, al que le fue concedido el premio Nóbel de literatura en el año 2005, su obra ha sido poco representada por las grandes compañías que se decantan por textos más ligeros y menos comprometidos que los de Pinter.
Harold Pinter nació el 10 de octubre de 1930 en el barrio de Hackney, en el popular East End londinense, en el seno de una familia judía. Cuando le llegó el momento de hacer el servicio militar se declaró objetor de conciencia y comenzó a escribir sus primeros poemas. En 1957 escribe The Room (La habitación), la primera de una extensa producción teatral. Tras algún pequeño fracaso en 1959 le llega el éxito y el reconocimiento público con The Caretaker (El guardián). A partir de ahí Pinter escribiría una serie de obras en las que ya se traslucía su peculiar estilo en el que con un lenguaje a veces cómico sabe generar un ambiente de amenaza y alineación que se conocería como “pinteresco”. La Academia Sueca, tras la concesión del Nóbel, diría de él que “Devolvió el teatro a sus elementos básicos: un espacio cerrado y un diálogo impredecible, donde la gente está a merced de cada uno y las pretensiones se desmoronan … descubre el precipicio que subyace en las diarias cuestiones cotidianas y fuerza la entrada a los cuartos cerrados de la opresión”.
Se le ha considerado como el heredero del teatro del absurdo de Beckett, Ionesco y Genet, y sus obras, aderezadas con fantasías eróticas y obsesiones, celos y odios, han sido calificadas como “teatro de la inseguridad”. Sus personajes intentan comunicarse para reaccionar frente a la estrechez de sus vidas, y casi siempre fracasan con diálogos, en apariencia insignificantes, reticentes y evasivos en los que se esconden intimidaciones, advertencias, riesgos. Todo ello da como resultado una obra en la que se mezcla realismo y misterio que trata de reflejar un mundo amenazante y violento que nace de la propia naturaleza humana y de las contradicciones de nuestra sociedad.
Pinter no se ha limitado al teatro sino que ha escrito obras cortas para televisión y radio, ha dirigido más de una treintena de producciones teatrales propias y de otros autores (Robert Shaw, James Joyce, David Mamet, Simon Gray…) y es autor de los guiones de películas como El sirviente (1963) y El mensajero (1971), de Joseph Losey, El último magnate (1976), de Elia Kazan, y La mujer del teniente francés (1981), de Karel Reisz. También ha publicado una novela, Los enanos, relatos cortos y cientos de poemas, también teñidos de ideología.
Harold Pinter murió en la Nochebuena pasada a los 78 años a causa de un cáncer de laringe que padecía desde hacía seis años. Tal vez ahora alguna compañía se decida a poner en escena alguna de sus obras.
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