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Número 53
29 de Enero de 2009

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Arte y Libertad

Año IX - Número 53

Actualizado a 18/07/2010

La reivindicación de Blasco por parte del cine valenciano

Montse Fayos. Valencia, diciembre´08.

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Cuentos Valencianos, Blasco Ibáñez

Cuentos Valencianos, Blasco Ibáñez

Entre mediados de la década de los 70 y durante los 80 surge en Valencia una corriente auspiciada por intelectuales cinéfilos y cineastas incipientes que se proponen reivindicar a Vicente Blasco Ibáñez como el hombre de letras progresista e izquierdista que fue, así como un símbolo de la cultura valenciana dentro y fuera de nuestras fronteras. Lejos han quedado las almibaradas producciones hollywoodienses y, aunque las series de televisión Cañas y Barro y La Barraca son recientes, el movimiento tiene un carácter experimental e independiente, ajeno al ente público de televisión y con presupuestos más que ajustados.

Surgen así productos distintos de lo que se había visto hasta el momento, en los que el interés no es tanto adaptar novelas del autor como acercarse a su figura o utilizar principalmente sus cuentos para ofrecer una visión de la Valencia del momento. La Sociedad General de Autores ha dedicado un interesante mini-ciclo a estas producciones, que difícilmente se pueden encontrar hoy en día ya que algunas de ellas, como los propios directores reconocen, no las ha visto casi nadie.

Quizás Un funcionario sea la producción más “lujosa” de las que se han podido ver, ya que se trata de un capítulo piloto para una serie destinada a Canal 9 que nunca llegó a rodarse. Su director, Joan Tamarit, afirma que todavía está esperando una respuesta del ente público, sugiriendo que quizás hoy en día sí tendría cabida este producto. Este capítulo queda pues como una película corta, impecablemente realizada y ambientada ya que contó con un presupuesto de 20 millones de pesetas del año 1991, protagonizada por un espléndido Juli Mira en el papel de Vicente Blasco Ibáñez. Un funcionario narra los tiempos de Blasco al frente de El Pueblo, cuando es encarcelado por unas publicaciones sobre la guerra de Cuba, y se centra en la noche que comparte en la cárcel junto al encargado de ajusticiar a un condenado a muerte. El escritor se muestra primero huraño y distante para poco a poco, a medida que fluye la conversación, acabar apreciando la dimensión humana de su compañero ocasional de celda, un pobre hombre que arrastra una desgracia familiar. Ése es el germen del relato que el autor publicará también titulado Un funcionario .

Englobadas en una primera sesión titulada La prisión, están esta producción y Estiuejant a la ciutat, dirigida por Joan Vergara. En este caso sí es un producto con factura de cine independiente y con pocos recursos, tanto que se prescindió del doblaje y el sonido se limita a una voz en off del protagonista y música de Chick Corea. Vergara se basó en el cuento El femater para hablar de la Valencia de principios de los 70, actualizando personajes e historia. “Es una interpretación tan libre que posiblemente haya traicionado al autor”, afirma el director.

En la otra sesión del mini-ciclo, bajo el título La Malvarrosa, se exhibieron las dos películas de Rafael Gassent, La orella de un lladre y Tras las huellas de Sónnica, así como Hoy 28 de octubre, un documental de Jesús de Val que refleja la degradación del chalet de Blasco Ibáñez, previamente a su reconstrucción. De las películas de Gassent ya hablamos en Arte y Libertad, ya que tuvimos ocasión de entrevistar al director, que rinde en estos filmes al cine de Hollywood y a sus filias personales. La orella de un lladre surge de una experiencia pionera, fruto de la casualidad, cuando se quemaron los rollos de una película que Gassent había empezado a rodar y canceló por falta de presupuesto, basada en Guapeza valenciana y La orella de un lladre. Veinte años después retomó la producción, ya en color y con los mismos actores, configurando un retrato verídico y curioso de Valencia y sus costumbres. En cuanto a Tras las huellas de Sónnica, protagonizada por Amparo Climent, nos encontramos con una bella recreación de esta novela histórica de amor, en la que Gassent proyecta tintes del mejor peplum americano.

Gracias a la SGAE hemos podido disfrutar de la faceta más marginal de las adaptaciones televisivas y cinematográficas de Vicente Blasco Ibáñez. Un merecido homenaje, no sólo al autor sino a los hombres y mujeres del cine valenciano.

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