Año IX - Número 52
Actualizado a 29/05/2011
Alejandro Lillo Barceló
Tras las abdicaciones de Bayona y la coronación de José Bonaparte como rey de España se produjo en todo el país una sublevación contra la ocupación francesa. En Valencia la insurrección estalló el 23 de mayo de 1808. Desde entonces la ciudad resistió varios asaltos y contribuyó, con todos los recursos de los que disponía, a expulsar a las tropas napoleónicas de la Península. Sin embargo, a finales de 1811 fue sitiada por un poderoso ejército. Tras un durísimo bombardeo que se prolongó por dos días, la urbe se rindió el 9 de enero de 1812, aunque no fue hasta el 14 del mismo mes cuando el general francés Louis Gabriel Suchet entró triunfal en Valencia.
La ciudad, humeante y con una capa de polvo y ceniza que cubría las calles y resecaba las gargantas, recibió a los vencedores en silencio tras cuatro años de guerra y sufrimiento. La rica huerta valenciana, que durante las hostilidades aprovisionó sin cesar a los distintos ejércitos que combatían al francés en la Península, estaba arruinada tras dos meses de asedio. Las plazas, solitarias y llenas de escombros, impedían el paso a carromatos y coches de caballos. Algunos edificios habían ardido, como el Palacio Arzobispal o la Universidad de Valencia; otros muchos, simplemente, fueron destruidos por la artillería enemiga.
Es lo que sucedió con cinco manzanas de casas situadas cerca del palacio de la Aduana, hoy sede del Tribunal Superior de Justicia. Sobre el solar de ese puñado de edificios semiderruidos por los bombardeos se creó el primer espacio público arbolado dentro de la ciudad de Valencia: los jardines de la Glorieta.
Si bien fueron los franceses quienes sentaron las bases del proyecto, su retirada de la ciudad en 1813 paralizó las obras. Fue el general antiliberal Elío quien en 1817 volvió a impulsar la ambiciosa empresa que, debido a la falta de recursos municipales, tuvo que ser sufragada por suscripción popular.
En la actualidad los jardines apenas conservan su estado original, pero basta pasear por entre las sombras de sus centenarios ficus, de retorcidos troncos y raíces, basta admirar las dispersas esculturas erigidas en honor de artistas y prohombres valencianos o la bella Fuente del Tritón, de inspiración berniniana, para hacerse idea clara de la ambición y monumentalidad con la que fue concebido el lugar.
No es de extrañar, por tanto, que los jardines de la Glorieta, proyectados como espacio de encuentro y esparcimiento, se convirtieran en uno de los parques más importantes y populares de la ciudad durante todo el siglo XIX. Rodeado su perímetro por limoneros, con dos plazas circulares delimitadas por el arbolado y un gran paseo central que unía el Portal de la Mar con la calle del Mar, fue escenario tanto de solemnes recepciones reales como de las fiestas más desenfrenadas, convirtiéndose además en la primera zona de la ciudad en ser iluminada con luz de gas. Por todo ello puede decirse, sin temor a equivocarse, que la creación de aquel jardín simbolizó el comienzo de una nueva época para la ciudad.
Pocos lugares existen en Valencia como los jardines de la Glorieta, aunque las transformaciones urbanas hayan ido desdibujándolo paulatinamente. Pese a todo, el espíritu con el que fueron creados todavía puede percibirse. Bajo las cepas de los árboles, junto a los fríos bancos de piedra, mucho se puede meditar sobre este oasis de vegetación rodeado de asfalto. Escuchando el trino de los pájaros, las risas de los niños o el silencio de la noche, podemos elevar la vista al cielo y reflexionar; reflexionar sobre las guerras y las bombas, los niños y los jardines. Y es que pocos lugares como este nos recuerdan con tanta nitidez el coste de una guerra y el valor de la paz.
Esculturas que pueden apreciarse en los Jardines de la Glorieta
Tal vez la más llamativa y hermosa sea la de la Fuente del Tritón, escultura barroca realizada en mármol por el artista italiano Jacobo Ponzanelli, discípulo de Bernini. La pieza, adquirida en 1817 del huerto del canónigo Don Antonio Pontons, se ubicó originariamente en una fuente situada en el centro del paseo, siendo en 1833 cuando se habilitó el surtidor de agua que en la actualidad mana de la caracola. En 1844 la escultura y la fuente fueron trasladadas a su actual emplazamiento.
El busto de Antonio Muñoz Degrain, colocado sobre un pedestal que toma la forma de un bello banco de piedra, fue realizado por el escultor Francisco Marco Díaz-Pintado en 1915. Muñoz Degrain, pintor valenciano fallecido en Málaga en 1924, fue un espíritu independiente y renovador que cursó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de San Carlos. Aparte de su excelente labor artística, reconocida con numerosos premios y honores, ocupó diversos cargos de responsabilidad, como el de Presidente del Círculo de Bellas Artes de Madrid y consejero del Ministerio de Instrucción Pública, siendo nombrado hijo predilecto de la ciudad de Valencia en 1910.
El también pintor valenciano Francisco Domingo Marqués fue inmortalizado en un busto de mármol blanco por su discípulo Mariano Benlliure en 1885. Esta obra artística se situó originalmente en las Alameditas de los Serranos, aunque la riada de 1957 obligó a trasladarla a los más tranquilos jardines de la Glorieta. Domingo Marqués está considerado el padre de la moderna escuela valenciana de pintura.
El monumento a Joaquín Agrasot Juan fue realizado en 1919 por iniciativa de Joaquín Sorolla, colaborando en la subvención del mismo el Ayuntamiento de Orihuela, lugar de nacimiento de este importante pintor valenciano que tan influido estuvo por Mariano Fortuny. Entre sus numerosos premios cabe destacar la medalla de oro en la Exposición provincial de Alicante de 1860, la tercera medalla en la Nacional de 1864 y la segunda en 1867. Fue, además, el presidente fundador del Círculo de Bellas Artes de Valencia y académico de número de la Real Academia de San Carlos de Valencia y de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid.
Otra escultura destacada es la que las madres valencianas le dedicaron al doctor Gómez Ferrer, obra realizada por Francisco Paredes. El pediatra aparece sentado en un banco con dos niños de bronce sentados a sus pies y realizados por Luis Bolinches.
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