Año IX - Número 52
Actualizado a 29/05/2011
Manuela García. Valencia, noviembre`08.
Centro del Carmen. Hasta el 18 de enero 2009
La presente exposición supone una aproximación a la trayectoria de los últimos 20 años de Nassio Bayarri en la que puede contemplarse el universo cósmico creado por este artista valenciano. Aunque más conocido por sus esculturas, algunas de las cuales pueblan las calles de nuestra ciudad –como la cruz que señala el término de Valencia por la entrada de Ademuz o la cabeza de Blasco Ibáñez en la Plaza els Porxets-, aquí lo que más llama la atención son sus pinturas, algunas de llamativos colores y un tamaño descomunal, 480 x 280 cm., que sólo pueden tener cabida en los amplios espacios de las Salas Goerlich y Ferreres del Centro del Carmen. Sus esculturas, dieciséis, se reparten por todo el recinto haciendo resaltar, y sirviendo de contrapunto con sus formas geométricas, macizas y ferreas, los encantos y delicadeza del claustro gótico.
El texto de su "Teoría del Cosmoísmo" aparece en la antesala junto a un retrato del escultor en blanco y negro, tal vez un símil del poco “color” que tiene su teoría sobre el Cosmos que, la verdad, a mí más me parece una tomadura de pelo que otra cosa. Con ese manifiesto Bayarri estableció, más de 40 años atrás, su visión mística del mundo, su forma particular de hacer una obra diferente que se saliera de los cánones establecidos. Y alrededor de esa particular teoría se vertebra la exposición. Muchas de sus obras parecen estar compuestas por las piezas de madera y colores brillantes con que los niños del siglo pasado montaban en sus juegos casas, puentes y figuras. El ojo de Dios aparece en algunas y la luna, la tierra o algún planeta en casi todas. Las influencias de los cubistas, entre otras muchas, se pueden ver en algunas de sus obras. ¿No les viene a la mente la “Mujer desnuda bajado la escalera”, de Duchamp, cuando ven su “Reproducción alienígena comparada”?.
En una entrevista que aparece en el catálogo Nassio afirma que: “El arte está guiado por la inteligencia, no por el pueblo, el pueblo no lleva el arte”. Le pregunté que había querido decir con esta frase y, craso error mío, me soltó una larga parrafada de la que deduje que el arte sólo está al alcance de algunas mentes privilegiadas y que, seguramente, y esto es una deducción mía de sus palabras, para él no serán obras de arte las pinturas rupestres, la “Venus” de Willendorf o las esculturas de los pueblos africanos.
Vicente Aguilera Cerni, decía de él allá por el año 1974 que: “Nassio es un visionario, pero también es un artista, un escultor, un técnico de la imagen. Entonces, sabe configurar y materializar lo que para otros es inidentificable. Pero su instalarse en lo mítico no significa ninguna adhesión a lo imposible, sino simplemente la búsqueda de lo ignorado desde la insuficiencia de lo conocido. En el fondo, está la propuesta de un modelo distinto, infrecuente, difícil. No hay metamorfosis de lo humano porque los seres y las situaciones a quienes otorga carta de naturaleza, pertenecen a una línea evolutiva cuya raíz, que no es la nuestra, les conduce a mostrarse como un término absoluto de comparación.”
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