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Número 52
5 de Diciembre de 2008

Nuestra historia literaria

El manuscrito de “Sangre y arena”

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Año IX - Número 52

Actualizado a 29/05/2011

El manuscrito de “Sangre y arena” vendido en Buenos Aires

La pieza mejor cotizada de la subasta. Dieron por él siete mil pesos.

BUENOS AIRES. (Crónica de nuestro corresponsal, Félix Centeno). LEVANTE 13 agosto. 1954

portada de Sangre y arena.

portada de Sangre y arena.

Una doble alegría (Nota del Editor)

A menudo a la gran satisfacción de encontrar una primera edición de un libro antiguo, en este caso de Don Vicente Blasco Ibáñez, y no es la primera vez que me sucede, te encuentras con una doble alegría, al hallar entre sus páginas recortes de prensa dobladitos y amarillentos pertenecientes a su antiguo lector y que delatan su fervor por el escritor. No suelen ser páginas enteras, pero esta vez nuestro querido amigo anotó a mano y con sumo cariño la fecha y cabecera de la noticia. Quiero darle las gracias a este coleccionista anónimo y posiblemente ya fallecido, sino, no se hubiese desprendido de semejantes joyas y compartir con ustedes, en sucesivas entregas, algunas de estas noticias, difíciles de encontrar en estos días y contribuir a que no se pierda esa memoria histórica tan necesaria para los investigadores. Es un deber que nos propusimos desde los mismos instantes del inicio de nuestra publicación. Paco Carsí

El manuscrito de la novela “Sangre y arena”, de Blasco Ibáñez, esta en Buenos Aires y ha sido vendido en pública subasta. Lo tenía en su biblioteca un prócer argentino, don Matías Errazuriz, poseedor también de una rica pinacoteca y otras maravillas. Cuando en los pasados días salió en la sección de “Remates” de los periódicos en el anuncio de que se liquidaba una parte de la biblioteca del prócer, los títulos y sus características despertaron vivo interés. Al comenzar el acto, el salón de ventas estaba atestado.

Se subastaron 328 libros, verdaderas joyas bibliografías, y el total de lo recaudado pasó de los 150.000 pesos.

Aunque eran muchas las curiosidades anunciadas, el manuscrito de “Sangre y Arena” atrajo desde el primer momento la atención y fue la pieza más codiciada y la que alcanzó cotización más alta. La universidad del prestigio del novelista valenciano ha quedado demostrada una vez más. Cuando el “martillero” puso en venta las cuartillas de Blasco Ibáñez, una voz hizo en seguida la primera oferta: “¡Mil pesos!” “¡Mil quinientos!”, exclamó otra. “¡Dos mil!”, “¡Dos mil quinientos!” y así continuó la puja, animada por el martillero con una retahíla de elogios para el documento que se subastaba: “Se llevan ustedes una pieza única, algo maravilloso, el original del más famoso libro de aquel genio de la literatura que se llamó don Vicente Blasco Ibáñez.” Con frases rimbombantes como ésta, el experto subastador daba tiempo a que los ofertantes se escandilaran y se estableciese entre ellos una pugna de amor propio. Al fin, el martillero sonó dos veces cuando un señor ofreció siete mil pesos. “¿No hay quién dé más?” El martillo cayó por vez tercera, dando su sentencia inapelable.

Es muy curioso el manuscrito de la famosa novela, y los datos que voy a consignar en esta crónica periodística, inéditos hasta ahora, pueden incorporarse a la biografía del novelista y a su critica. La novela “Sangre y arena”, que escribió Blasco en Madrid, entre enero y marzo de 1908, ocupa 782 cuartillas de 24 centímetros de alto por 18 de ancho. La letra es muy igual y se ve que el autor la tenía totalmente planeada, pues está compuesta de un tirón, sin enmiendas ni arreglos. Una nota de la pagina 100, el protagonista, el torero, se llamaba el Federal, luego lo rebautizó con el nombre de Nacional y corrigió el primitivo en todas las cuartillas precedentes. En uno de los párrafos, que se comprende que está escrito a toda velocidad y en un momento de inspiración y entusiasmo, cuando pone en punto, añade un “¡Ólé!”, luego, naturalmente, borrado, con que se desahoga de gusto, sin duda satisfecho de lo que acababa de escribir.

El día que terminó su novela, al llegar al párrafo final, ya ansioso de ponerle fin, su letra igual y ordenada se descompone. La pluma vuela y garabatea con el alfabeto: “El Nacional cerró los ojos y apretó los puños. Rugía la fiera, la verdadera, la única…” Y cuando al pie pone:”Madrid, enero a marzo de 1908” y su firma completa: “Vicente Blasco Ibáñez”, se comprende que después de esta zeta debió tirar la pluma sobre la mesa, hacer un profundo respiro  y, posiblemente, mesarse de satisfacción aquella gran barba negra que tenia en la época de “Sangre y arena”.

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