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Arte y Libertad

Año IX - Número 50

Actualizado a 29/05/2011

La tristeza en las obras de Beethoven. ¿Fruto de una intoxicación por plomo?

Caliope. Valencia, septiembre 2008.

retrato de Beethoven

retrato de Beethoven

Un mechón de los rizados cabellos de Beethoven (1770-1827) cortados un día después de su muerte por un admirador, el joven músico Ferdinand Hiller, han servido al cabo de los años para que los investigadores estudien las causas de la muerte del célebre compositor y reconstruyan su biografía. Hiller le cortó un generoso mechón de pelo a su ídolo tras su muerte. Lo guardó en un guardapelo, y convertido en reliquia, el cabello de Beethoven siguió una odisea de tumbos por el espacio y el tiempo hasta llegar a nuestros días, cuando en una subasta que se hizo en 1994 en la sucursal de Sotheby?s de Londres, fueron vendidos por 7.300 dólares y sus nuevos dueños, los coleccionistas Ira Brilliant y Alfredo Guevara, ofrecieron los cabellos para la investigación.

Hace ya ocho años un estudio realizado en Estados Unidos en una muestra de cabellos del genial compositor, dio como conclusión que su muerte se debió a un envenenamiento por el plomo que, en más de cien veces el que se halla normalmente en el organismo de cualquiera de nosotros, fue hallado en sus restos. Lo que explicaría patologías como los cólicos, los dolores articulares, los dolores de cabeza y el extraño comportamiento que a veces manifestaba el compositor, dolencias y enfermedades reflejadas por todos los biógrafos del maestro alemán. Y, una vez descartada la posibilidad más novelesca del envenenamiento: la del homicidio, dos fueron las hipótesis manejadas. La primera consiste en que el compositor germano consumía vino blanco en copas de plomo, de modo que la reincidencia habría perjudicado seriamente su organismo. La segunda opción consistiría en que el plomo, al igual que el mercurio, se utilizaba a principios del siglo XIX como una solución terapéutica para ciertas enfermedades, incluidas las patologías abdominales que habría padecido el celebérrimo autor de Fidelio. Así se explica que varios científicos hayan diagnosticado a Beethoven el síndrome del saturnismo, una enfermedad asociada a la intoxicación de plomo que han padecido muchos otros creadores ilustres -Goya, Van Gogh- y cuyos trastornos podrían incidir positivamente en la creatividad, de acuerdo con ciertas teorías.

A partir de estos hallazgos, dos investigadores de la Universidad CEU-Cardenal Herrera, de Valencia, Vicente Rodilla, profesor de Toxicología y vicepresidente de la Escuela de Música del Ateneo Musical, y Carlos Garcés, profesor del Departamento de Producción Animal y Ciencia y Tecnología de los Alimentos y tenor lírico, decidieron unir sus conocimientos y su pasión por la música para ir un paso más allá, comprobando si los efectos de la enfermedad habían tenido repercusión en su obra musical, sobre todo en la más tardía.

Según Rodilla, 'conocíamos estudios sobre Goya, del que se sospecha que sufrió una intoxicación por saturnismo, lo que quedaría reflejado de alguna manera en algunos de sus cuadros, como en Saturno devorado por sus hijos o las series de Pinturas Negras o Los Desastres de la Guerra. Cuando surgió el tema de Beethoven nos planteamos comprobar si se podían detectar los efectos del saturnismo en su música'. Los excesos de plomo ocasionaron que, 'Beethoven sufriera una gran transformación durante la enfermedad y pasara gradualmente de ser un hombre joven, simpático y agradable a una persona irritable, taciturna, socialmente aislada y que sufría ataques de depresión y desesperación'. En su análisis de la obra del compositor alemán, los profesores concluyen que 'el hecho de que sus últimas composiciones se salgan de los cánones románticos de la época y sean tristes, desesperadas, como salidas de las entrañas, puede significar que las dolencias físicas hubieran trascendido a su mente y su creación estuviese siendo distorsionada por la propia enfermedad'.

Es el ejemplo de La Gran Fuga, 'de naturaleza introspectiva, pero a la vez feroz y cerebral, con sus lamentos, sus cánticos y sus temblores. Esa obra que a sugerencia de su editor y dada la pobre recepción que había tenido en su primera interpretación, fue sustituida por otro final y descrita en la época como repelente, indescifrable u horrorosa por la crítica'. Por otra parte la Novena Sinfonía también es otro paradigma del estado interior del compositor romántico. 'El uso casi recurrente de los timbales en una tonalidad como Re menor crea, sobre todo en los dos primeros movimientos, un ambiente dramático, casi trágico', aseguran los investigadores del CEU Cardenal Herrera. Asimismo, grandes compositores ya describieron, según presentan los profesores en su estudio, estos toques dramáticos de la música del compositor. Berlioz calificaba su Novena Sinfonía como 'majestuosidad sombría que mueve el alma a lo más profundo'. Wagner describió el primer movimiento del Cuarteto Opus 131 como 'la cosa más triste jamás dicha con notas' y como 'una revelación de otro mundo'. El pianista Edwing Fisher decía de su Sonata Nº 12, llamada también Marcha fúnebre, que es 'parte de esas obras psicológicas en las que Beethoven manifiesta sus expresiones íntimas y realiza una manifestación muy personal y profunda'. Estas composiciones pertenecen a la última etapa del músico alemán, donde según los investigadores del CEU Cardenal Herrera 'la enfermedad se había hecho más intensa y el sufrimiento físico del músico era enorme a causa de su intoxicación por plomo, con presencia del metal en una porción 100 veces superior a lo habitual en una persona'.

La pregunta que nos surge a los amantes del genial compositor es la de que si su música hubiera sido igual de no haber existido la intoxicación por el plomo. Una respuesta difícil, aunque yo me inclino a pensar que la contestación es Sí.

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