Año IX - Número 49
Actualizado a 29/05/2011
Alejandro Lillo Barceló. Valencia 09/06/08
(*) Vista de las Torres de Quart. 1808
El 28 de junio de 1808, un poderoso ejército francés, compuesto por doce mil hombres al mando del mariscal Moncey, llegó a las puertas de Valencia y se aprestó a atacar la ciudad. Los combates fueron especialmente intensos ante las Torres de Quart, pues eran objetivo militar prioritario de la ofensiva napoleónica. Sin embargo, los ciudadanos y soldados valencianos, armados con un par de cañones emplazados en la misma puerta de las Torres, defendieron heroicamente el lugar y, tras resistir durante todo el día sin doblegarse, obligaron al ejército francés a retirarse hacia Madrid con más de dos mil bajas. Las huellas de aquella gesta aún pueden apreciarse en los muros de las Torres, pues conservan las marcas dejadas por los proyectiles de la artillería francesa en su intento por conquistar la ciudad.
Este episodio, el que más renombre ha dado a las Torres de Quart, aconteció durante la Guerra de la Independencia (1808-1814), de la que este año se cumple el bicentenario. Tras la coronación de José Bonaparte como rey de España se produjo en todo el país una sublevación contra la ocupación napoleónica. En Valencia la insurrección había estallado el 23 de mayo de 1808, impulsada por el famoso crit de Vicente Doménech El Palleter, un humilde vendedor de paja que, tras conocer la abdicación de Fernando VII, a quien consideraba su legítimo monarca, había declarado la guerra al francés, arrastrando con su grito a toda la población. No es casualidad, pues, que su estatua en bronce pueda contemplarse junto a las Torres de Quart, símbolo de la resistencia valenciana frente al invasor.
En la actualidad, la parte exterior del Portal de Quart recae a la calle Guillem de Castro, y sus dos torres se alzan majestuosas destacando sobre los edificios circundantes, que pretenden competir con ellas en altura, aunque no en elegancia y poderío. Los dos impresionantes torreones cilíndricos, unidos por un cuerpo rectangular y de menor tamaño donde se ubica la puerta con arco de medio punto, atraen enseguida la atención del viandante, que no puede sino admirar la robustez y la sobria belleza del conjunto. La obra, realizada con piedras de sillería, se recubrió con mampostería en su parte exterior, consiguiendo, gracias a esta técnica, unos muros lisos e inexpugnables, sin adornos y a los que, hacia 1915, se les añadió un falso coronamiento de almenas.
La parte trasera de las torres, la que recae hacia el interior de la ciudad antigua, permanece achaflanada y abierta, dejando a la vista góticos arcos apuntados y bóvedas de crucería que permiten apreciar la maestría con la que están hechas las distintas estancias. Esta apertura es intencionada, ordenada por los Jurados de Valencia para impedir que, en caso de ser ocupadas por el enemigo, las Torres pudieran utilizarse como baluarte para atacar la ciudad.
Las Torres de Quart, que tan eficazmente protegieron Valencia del ejército napoleónico en 1808, habían sido construidas trescientos cincuenta años antes, a mediados del siglo XV. Como hemos dicho, fueron los Jurados de Valencia, un grupo de ciudadanos y nobles elegidos para gobernar la ciudad, quienes encargaron su construcción al arquitecto Francesc Baldomar, quien trabajó en ellas entre 1441 y 1460. Tras él, otros maestros de obras participaron en las tareas, entre ellos Pere Bonfill, al que algunos investigadores le adjudican la autoría de las torres, y Pere Compte, encargado en 1468 de la finalización y conservación del Portal y creador, algunos años después, del edificio de la Lonja.
Esta nueva puerta venía a reemplazar a otra anterior, llamada de la Cals, ya que por ella se introducía la cal en Valencia, vendiéndose en la actual plaza de Santa Úrsula. El deseo de embellecer una ciudad ya en auge y hacer más suntuosa la entrada por el camino que, atravesando Quart de Poblet, comunicaba con Castilla, fue el motivo de su construcción. Con este magnífico portal se subrayaba, aún más, lo imponente de la muralla edificada en 1356 por orden del rey Pedro el Ceremonioso en sustitución de la anterior muralla islámica.
En efecto, tras la conquista de Valencia en 1238 por el rey Jaime I, la ciudad había experimentado un crecimiento tan acelerado que muchos de sus barrios rebasaron los límites de la muralla islámica. Y así, cuando Pedro el Ceremonioso, rey de la Corona de Aragón, se enfrentó con Castilla por la hegemonía en la Península Ibérica a mediados del siglo XIV, se vió en la necesidad de construir una nueva muralla para cubrir las necesidades defensivas de Valencia que, ya por entonces, había duplicado su tamaño y extensión respecto a la Balansiya islámica.
Esta muralla cristiana levantó sus muros por las actuales calles de Colón, de Xátiva, y de Guillem de Castro para, desde allí, continuar en paralelo al río pasando por las Torres de Serranos, edificadas también con posterioridad a la muralla, y por la parte trasera del convento de Santo Domingo, lugar en el que el lienzo giraba de nuevo hacia la calle Colón, dando forma a lo que hoy en día se conoce como Ciutat Vella. Quinientos años permaneció en pie este recinto defensivo, siendo derribado a mediados del siglo XIX para dar trabajo a los parados y permitir el ensanche de la ciudad. Las piquetas acabaron con aquella magnífica fortificación, salvándose únicamente las Torres de Serranos y las de Quart, que por entonces eran utilizadas como presidios
Como apuntamos arriba, las Torres de Quart, a lo largo de sus más de cinco siglos de historia, han cumplido diversas funciones aparte de las estrictamente defensivas. En 1562 se adecuaron para almacenar pólvora y, unos años después, con motivo de un incendio acaecido en la Casa de la Ciudad, acogió a los presos que cumplían allí condena. En 1626 se convirtió en cárcel de mujeres 'honradas' y en 1823 en penal militar.
Sin embargo, las Torres de Quart fueron creadas para defender Valencia de cualquier ataque enemigo; esa es la función que mejor han cumplido y la que más gloria les ha reportado. Sus muros recios y su porte, orgulloso y humilde a un tiempo, mostrando sin pudor las marcas de sus gestas y el paso de los siglos, convierten a las Torres de Quart en una de las puertas más monumentales que pueden encontrarse en España, y recuerdan a propios y extraños el arrojo de una ciudad que siempre ha luchado por decidir su destino.
(*) VISTA DE LAS TORRES DE QUART. 1808
H.Swinburne Delin. Walts Sculp.
London, Published July. 1 1808 by John Scolt, 442. Strand.
Grabado calcográfico iluminado a mano. 295 X 398 mm.
MUSEO DE LA CIUDAD.- ARCHIVO José Hugue.- BIBLIOTECA Bas Carbonell.
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