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Arte y Libertad

Año IX - Número 49

Actualizado a 29/05/2011

Simeón Saiz Ruiz. J´est un je.

M. Corachán. Valencia 29/05/08

foto: Manuela García

foto: Manuela García

Universitat. Sala Martínez Guerricabeitia. Hasta el 31 de agosto

El Patronato Martínez Guerricabeitia presenta una nueva exposición que supone el inicio de una interesante línea de programaciones destinada a realizar monográficos sobre los ganadores de sus Bienales. Y además, gracias a un servicio de intérpretes de lengua de signos, es la primera que se hace accesible al colectivo de personas sordas en nuestra Comunidad.

Simeón Saiz (Cuenca, 1956) -ganador de la bienal Martínez Guerricabeitia en 1999- viene, desde 1996, presentando una serie de pinturas, habitualmente de gran formato, con el título J'est un je (Yo es un yo) que es una paráfrasis invertida e irónica del conocido lema del poeta Arthur Rimbaud: J'est un autre (Yo es otro), con el que el gran pionero de la vanguardia cuestionaba la solidez del yo y con el que él quiere llamar la atención sobre los excesos del individualismo como posición absoluta que degenera en fanatismos, nacionalismos radicales y totalitarismos. Como Vicent Sanz apunta en el catálogo, 'Los cuadros de Simeón sobre esta guerra refuerzan la idea de los ilustrados europeos, que creyeron que la raza, la religión, el sexo, la nacionalidad y la situación legal no justifica un trato desigual entre los seres humanos. Estos cuadros son un grito por la paz, por la solidaridad con el que sufre, un grito de condena contra el horror de la guerra civil'.

Tomando como punto de partida fotos de prensa y televisión de la pasada guerra de los Balcanes, esas que cotidianamente y a todo color pudimos ver en la prensa y en la televisión que nos mostraban vivos o muertos los cuerpos desgarrados y mutilados de bosnios, croatas, y serbios, todos ellos víctimas del conflicto bélico, Saiz las amplía y las traduce a pinturas en las que la imagen no es nítida, sino elaborada a base de pequeñas líneas de color que simulan fotografías digitalizadas, con tomas que van desde una visión frontal a otra casi rasante dando lugar a una deformación de la imagen que a veces la hace irreconocible, pero a las que, para un total entendimiento, siempre acompaña de explícitos títulos que son una reproducción de los pies de foto o titulares de los originales. Cuestiona así esas imágenes que se nos presentan como certificados de la verdad absoluta pero que manipulaciones posteriores o intereses propagandísticos y políticos hacen que su veracidad pueda ser puesta en tela de juicio y sobre las que, debido a la cantidad abrumadora que nos llega, no nos detenemos a reflexionar ni somos capaces de asimilar. No hay duda de que Saiz está haciendo un arte político desde una postura reflexiva y meditada con la que trata de evitar el 'desinterés ante el dolor humano al mismo tiempo que el efectismo icónico con secuelas consumistas' que muchos artistas han adoptado al acercarse con sus obras a otros conflictos bélicos.

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