Año IX - Número 49
Actualizado a 29/05/2011
M. Corachán. Valencia 20/05/08
Jaime I, batalla del Puig.
Uno de los factores fundamentales a la hora de valorar la conquista de Valencia será la decadencia y descomposición almohade, así como la carencia en el norte de África de un movimiento religioso que al estilo de los dos anteriores (almorávide y almohade), pudieran volver a unir la fragmentación de las taifas islámicas peninsulares. Tras la derrota en la batalla de Las Navas de Tolosa, en julio de 1212, la sociedad islámica había quedado muy debilitada y ello precipitó la disgregación del imperio almohade y facilitó la expansión cristiana hacia el sur. Pero a estas explicaciones comunes a toda la península se añadían otras más específicas de la conquista valenciana como la pugna entre nobleza y monarquía en las estructuras de poder de la Corona de Aragón. Los nobles aragoneses y catalanes estaban acostumbrados a campar a sus anchas como lo habían hecho, aprovechando la debilidad de la monarquía, durante el reinado de Pedro II y la minoría de Jaime I. Por el contrario, la conquista de Valencia se presentaba como una empresa que reforzaría a la corona e inclinaría de su lado la balanza de poder. De aquí la reticencia inicial de la nobleza a participar en la conquista valenciana, aunque finalmente Jaime I lograría vencerla y contar con la ayuda de sus barones.
La conquista de Valencia fue una auténtica obsesión para Jaime I, cuyas energías absorbió durante quince años. En 1233 en Alcañiz se planificó la campaña, desarrollada en tres etapas: la primera dirigida a las tierras de Castellón, con la toma de Burriana en 1233 y otros enclaves, como Peñíscola; la segunda abarca la zona central con la conquista de Valencia (1238) y las tierras llanas hasta el Júcar, para lo cual las Cortes generales de Monzón de 1236 concedieron la ayuda necesaria y el Papa Gregorio IX dio a la empresa el carácter de cruzada. La batalla del Puig, agosto de 1237, fue el único enfrentamiento armado que se dio realmente en toda la conquista valenciana, ya que ésta se consiguió fundamentalmente por medio de pactos y rendiciones de la población local. Tras el fracaso de una escuadra enviada por el rey de Túnez en auxilio de Valencia, Zayan y Jaime I firman unas capitulaciones el 28 de septiembre con la oposición de la nobleza feudal que esperaba tomar la ciudad al asalto y obtener sustancioso botín. El acuerdo firmado garantizaba la vida de los sitiados a los que, también, se les permitía salvar los bienes que pudieran llevarse consigo. Se calcula que unas cincuenta mil personas salieron de la ciudad en dirección hacia Cullera, hasta más allá del río Júcar, convertido en frontera provisional entre cristianos y musulmanes. Y el 9 de octubre de 1238 el rey Jaime I entraba en la ciudad y empezaba el reparto de casas y tierras de los vencidos entre los conquistadores cristianos, cumpliendo las promesas de donación que el rey había hecho a todos los que participaron en la conquista de Valencia. La recopilación notarial de esas promesas es lo que se conoce como Llibre del Repartiment, uno de los documentos más importantes referentes a la conquista y fundación del Reino de Valencia donde los escribanos reales anotaban las donaciones de casas y tierras que realizaba el monarca a sus acompañantes y repobladores. El Llibre del Repartiment recoge de forma meticulosa el reparto de tierras y casas que Jaime I hizo entre sus nobles y servidores tras la conquista del Reino de Valencia. Consta de tres volúmenes datados entre 1237 y 1252, el primero y el segundo recogen las donaciones de propiedades rústicas y urbanas de la ciudad y término de Valencia y de todo el Reino. En total, unos 3.200 registros de donaciones. En el tercer volumen se recogen los edificios de la ciudad de Valencia, con la indicación del antiguo propietario y del beneficiario de la donación. Actualmente este importante documento, que no se exhibía en Valencia desde 1930, se puede ver en la muestra El llibre del repartiment. El naiximent d´un poble, que con motivo de la celebración del 800 aniversario del nacimiento de Jaime I estará hasta junio en San Miguel de los Reyes.
El resto de la conquista del territorio valenciano abarca desde 1243 a 1245 llegándose a los límites estipulados para la conquista entre Aragón y Castilla en el tratado de Almizrra en 1244, firmado entre Jaime I y el infante Alfonso para delimitar las áreas de reconquista de las Coronas de Castilla y Aragón.
Jaime I obtuvo un gran triunfo sobre la nobleza, que consideraba las tierras conquistadas en Valencia como una prolongación de sus señoríos, al convertirlas en un reino propio (1239), formando una entidad político-jurídica propia unida dinásticamente a la Corona de Aragón, hecho que provocó la airada reacción de la nobleza aragonesa, que veía cercenadas sus posibilidades de hacer de las tierras valencianas una prolongación de sus señoríos aragoneses. El reino fue repoblado por catalanes y aragoneses, aunque durante mucho tiempo la población musulmana siguió siendo mayoritaria. Por esta causa es por lo que, generalmente, Jaime I es un rey que se ve simpático
desde el punto de vista valenciano pero no tanto desde el aragonés, ya que los Fueros de Valencia constituyeron el territorio como un Reino autónomo, con sus leyes y tradiciones, en lugar de ser anexionado como una provincia más a la Corona de Aragón, como esperaban los nobles aragoneses.
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