Año IX - Número 49
Actualizado a 29/05/2011
M. Corachán. Valencia 21/05/08
Fernando Botero. foto: El Mundo
IVAM. Hasta el 6 de julio
En julio del año pasado se presentaba en el Centro del Carmen una exposición de Botero que mostraba unas imágenes de este pintor colombiano que se alejaban de sus gordos bonachones para introducirnos en la violencia de unos actos que estaban ocurriendo en su país cometidos por la guerrilla colombiana (desde Arte y Libertad nos hacíamos eco de ella y publicamos una reseña en el número 43 del 3 de julio de 2007). Ahora es el IVAM el que vuelve a traernos las imágenes de otro horror y si, como explicaba el mismo Botero, la de Colombia era una violencia producto de la ignorancia y de la injusticia social, la de ahora es más perversa porque está perpetrada desde el conocimiento de las más altas instancias de un país que ha hecho caso omiso a las directrices dadas por la Convención de Ginebra sobre el trato a los prisioneros.
En una rueda de prensa, realizada en Washington, Botero explicó que realizó esas obras 'para que el público las mire', en especial el público con conciencia política, pero destacó que prefiere no meterse en temas políticos porque, a su juicio, el artista 'debe mantenerse fiel a las ideas de estética' y 'tiene que ser fiel a la pintura antes que a cualquier otra cosa'. Añadiendo que sólo buscó 'sacarse la rabia' tras leer sobre las torturas cometidas en Abu Ghraib por soldados estadounidenses. 'Sólo fui un artista tratando de plasmar mis sentimientos (...). No fui un profeta sino un artista que buscaba liberar esa rabia', y agregó que una vez completada la obra, 'la rabia como que desapareció porque ya había dicho lo que tenía que decir'. Preguntado sobre si esperaba que la serie pudiera tener algún efecto político en el mundo, su contesta fue rotunda: No. El arte nunca tuvo ese poder. El artista deja un testimonio que adquiere importancia a lo largo del tiempo si la obra es artísticamente válida
.
Las 24 pinturas y 22 dibujos que se presentan en el IVAM muestran el infierno que vivieron los reclusos iraquíes en Abu Ghraib con crudeza y detalle en todas y cada una de sus pinturas. En algunas, incluso desvela torturas no mostradas públicamente y vistas desde la perspectiva de las víctimas, muchas de ellas desnudas, maniatadas, encapuchadas, apiladas en una pirámide humana, colgadas de un pie, o aterradas ante la presencia de un perro, y todo como, es costumbre en Botero, de planta agigantada.
No entiendo muy bien por qué junto a esta serie se presenta la de El Circo, un homenaje a este mundo de payasos, arlequines, domadores y trapecistas al que por primera vez se acerca Botero escenificando sus placeres estéticos, que no los de los personajes ya que según él explicaba la inspiración la sacó de un circo de animales famélicos
, de esos que se arrastran por los pueblos y cuya tristeza aparece en los rostros de sus protagonistas. Tal vez para paliar la tragedia reflejada en Abu Ghraib, Botero ha querido recalcar el papel curativo que le supuso afrontar esta serie con su 'orgía de colores' y el 'regalo' que supone su temática para cualquier pintor. 'En el circo cualquier exceso es lógico' y aquí, sólo con subir de un piso a otro, puedes dejar atrás 'todo lo negativo y lo feo de la existencia' para contemplar 'la celebración de la vida' a través del color circense y la exaltación del cuerpo humano.
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