Año IX - Número 49
Actualizado a 29/05/2011
M. Corachán. Valencia 04/05/08
Estatua de El Palleter. Valencia. foto: Natalia Guaraná
Parece que el mes de mayo, tal vez por aquello de que la primavera la sangre altera
, tiene como un imán que atrae a los revolucionarios. Por eso en este mes conmemoramos, además del mayo francés, los doscientos años de la Guerra de la Independencia española. Un conflicto surgido en 1808 por la oposición armada a la pretensión del emperador francés Napoleón I de instaurar y consolidar en el trono de España a José Bonaparte, en detrimento de Fernando VII de España, que convulsionó toda la Península Ibérica hasta 1814. Varios fueron los detonantes, por todos conocidos, que hicieron que primero el pueblo de Madrid en el 2 de mayo y más tarde el resto de ciudades declararan la guerra al invasor.
Valencia fue de las primeras ciudades que respondió de forma patriótica. Así, el 23 de Mayo de 1808, en la placeta de les Panses, el Palleter, un vendedor de pajuelas (oficio que daría su nombre a su apodo), rasgó su faja de estambre en pequeños trozos para que sirviera de escarapela, puso el girón mayor en el extremo de una caña, con una estampa de la Virgen de los Desamparados y un retrato del rey, y enarbolando el estandarte gritó: 'Un pobre palleter li declara guerra a Napoleó'. !Vixca Fernando sèptim y muiguen els traïdors! Tras los gritos del Palleter, la muchedumbre, dando vivas a Fernando VII, se dirigió al Palacio de El Real, al otro lado del Turia, residencia del capitán general, que se vio obligado a salir al balcón, prometiendo que tomaría las providencias oportunas. Desde allí, los amotinados marcharon al Palacio de la Generalitat donde solicitaron que se declarara la guerra a Napoleón y se decretara un alistamiento general. En Valencia como en el resto del territorio peninsular, se estableció una forma eficaz de luchar contra el ejército francés que consistía en rápidos ataques por sorpresa de partidas formadas por gentes del pueblo sin formación militar. Actuaron con contundencia y representaron una perpetua preocupación para los franceses, constantemente asaltados en sus retaguardias y en sus convoyes de aprovisionamiento. La ciudad fue acosada en varias ocasiones por las tropas francesas hasta que en la noche del 1 al 2 de Enero de 1812 los valencianos tuvieron que replegarse hasta el centro de la ciudad y tras fuertes bombardeos capitular el día 9. Los franceses permanecieron en la ciudad hasta 1813 cuando la guerra se decanta hacia el bando español y el 5 de julio de ese mismo año comenzaron a evacuar la ciudad.
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