Año VIII - Número 48
Actualizado a 18/07/2010
M. Corachán- Valencia 17/04/08
Jaime I, el Conquistador. foto: archivo
M. Corachán 17/04/08
Este año, en el que se cumplen los 800 desde el nacimiento del rey Jaime I, va a estar salpicado de todo tipo de conmemoraciones sobre su figura de las que desde Arte y Libertad
nos iremos haciendo eco. Pero, ahora para empezar queremos dar unas pinceladas de su extensa biografía.
Hijo de Pedro II de Aragón y de María de Montpellier, fue engendrado de forma casual debido a las malas relaciones de sus progenitores. Según la leyenda, como Pedro II no quería ver a la reina, un caballero, con engaños, le hizo creer que en el lecho estaba otra dama a la que cortejaba el monarca. Así vino al mundo, el 2 de febrero de 1208 en Montpellier, el que sería rey de Aragón, de Valencia y de Mallorca, conde de Barcelona, señor de Montpellier y de otros feudos en Occitania.
A la muerte de su padre en la batalla de Muret (1213), Jaime quedó en poder de Simón de Montfort, su enemigo y más tarde fue puesto bajo la tutela de los templarios en el castillo de Monzón hasta los seis o siete años. En el terreno personal se desposó, en 1221, con Leonor de Castilla, matrimonio que fue anulado años después por razón de parentesco. Más adelante, en 1235, contraería un segundo matrimonio con la princesa Violante, hija de Andrés II, rey de Hungría. Jaime I fue un rey de gran carácter y una fuerte personalidad, como se ve en su propia Crónica y en las descripciones que nos han dejado otros autores. Físicamente se le describe como de considerable estatura, de cabello rubio y presencia caballeresca, blanco de cutis, hermosos dientes y finas y largas manos. Religiosidad y belicosidad se entremezclan en su personalidad, fruto de su crianza y educación entre los templarios. Valentía y orgullo también forman parte de su personalidad, así como su carácter mujeriego.
A los veinte años comenzó a gobernar, iniciándose un período de disputas con la nobleza aragonesa. Solventada la cuestión interior, el debilitamiento del poderío musulmán tras la derrota en las Navas de Tolosa (1212) permite al rey emprender en 1229 la expansión del reino por el Mediterráneo, con la conquista de Mallorca, Menorca (1231) e Ibiza (1235), y por la Península, ocupando Burriana y Peñíscola, el reino de Valencia (1238) e incorporando entre 1244-45 Játiva y Biar.
Monarca longevo, falleció a los 71 años -tras sesenta y tres de reinado que coinciden con la época del apogeo medieval-, el 27 de julio de 1276 en Valencia siendo sepultado en su catedral, donde reposaron sus restos hasta 1278, año en que su hijo, Pedro el Grande, los trasladó al monasterio de Poblet. La Crónica de Ramón Montaner relata que los duelos, llantos y lamentos empezaron por toda la ciudad, y no quedó rico-hombre, mesnadero, caballero, mujer o doncella que no fuera detrás del estandarte, declarándose tres días de luto en la ciudad de Valencia. Al Monarca se le glorió en vida y, mucho más, después de muerto. Las crónicas medievales vierten calificativos elogiosos de su persona denominándolo rey conquistador, legislador, sabio, leal, valiente, humano, etc.
El reinado de Jaime I marcó el nacimiento de una conciencia territorial en los distintos reinos de la Corona de Aragón, especialmente en Aragón, Reino de Valencia y en Cataluña. Y, también, el desplazamiento del centro de gravedad de la monarquía hacia la costa mediterránea. El juicio histórico sobre Jaime I depende del reino en el que se centra el historiador. Para los historiadores aragoneses las conclusiones suelen ser negativas. Del otro lado, para mallorquines y valencianos, la valoración es completamente opuesta: Jaime I es un gran rey, el padre fundador de los reinos, el creador de sus señas de identidad hasta nuestros días: territorio, lengua, fueros, moneda, instituciones, etc.
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