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Arte y Libertad

Año VIII - Número 48

Actualizado a 29/05/2011

El Greco. Toledo 1900. Museo Bellas Artes Valencia.

Manuela García

foto: Natalia Guaraná

foto: Natalia Guaraná

Museo de Bellas Artes. Hasta el 15 de junio

Como dato curioso empezaremos diciendo que las dos exposiciones que se presentan como las más importantes de la temporada en Valencia, la de El Greco y la ya pasada de Sorolla, empezaron su itinerancia en fechas muy próximas y por causas similares ?la reforma de sus lugares habituales-, y ahora han tomado el relevo la una a la otra, así Sorolla viaja hasta Sevilla y El Greco viene a nuestra ciudad desde la capital andaluza.

Si antes la cita indispensable de todos los aficionados a la pintura fue el Centro Cultural de Bancaja, esperamos que ahora vuelvan a encontrarse en el San Pío V. Ya que, de nuevo, se trata de una ocasión única y que no es probable que vuelva a repetirse. La muestra exhibe la riqueza de los fondos del Museo de El Greco y analiza el proceso de reconocimiento y valoración de su producción en España, pero particularmente en Toledo, en torno a la emblemática fecha de 1900, momento en que comenzó a despertar el interés de estudiosos, marchantes y artistas tras un largo periodo de olvido de casi tres siglos. El ambiente de la ciudad castellana en aquella época, sus personajes y sobre todo los paisajes vinculados a El Greco constituyen el hilo argumental de la exhibición, y pretenden recordar el valioso contexto en que el pintor griego fue reconocido por fin como uno de los mitos del arte universal, en el que se inspiraron muchos de los grandes pintores que le sucedieron, como Velázquez o los impresionistas.

El corpus principal de la exposición está formado por 24 lienzos; un ejemplar de las Obras completas de Jenofonte, anotadas por El Greco, perteneciente a la biblioteca del Marqués de la Vega Inclán, fundador del Museo del Greco, así como un retrato del mismo realizado por Joaquin Sorolla en 1910 y una cuidada selección fotográfica de los fondos del Archivo Moreno del Instituto del Patrimonio Histórico Español-IPHE, realizadas por el fotógrafo Mariano Moreno a principios de siglo XX.

Además, y sólo aquí en Valencia, la muestra se completa con cinco cuadros más del artista reunidos por el Museo valenciano para la ocasión: dos de los fondos del San Pío V y tres encargados a El Greco por el patriarca San Juan de Ribera. Lastima que a la comisaria de la exposición, Ana Carmen Lavín Berdonces, -que por cierto realizó una intervención un tanto 'estrambótica'- este suplemento le parezca que 'es lo que un estrambote a un soneto' y piense que en Valencia disponemos de muy pocos Grecos, a lo que el director de museo, Fernando Benito, tuvo que contestarle 'que ya quisieran muchas capitales de provincia tener tantos como nosotros'.

Las obras del pintor cretense están fechadas entre 1600 y 1614, su última etapa de producción pictórica desarrollada en la ciudad de Toledo. Una de las joyas de la muestra es la colección completa del Apostolado, presidida por El Salvador, cuadros que nunca habían salido juntos del Museo de Toledo. Junto a ellos destacan en el conjunto Las lágrimas de San Pedro, magnífico ejemplo de pintura devocional para oratorios particulares, y el espléndido San Bernardino, depósito del Museo Nacional del Prado en el Museo del Greco, pintado para el retablo que presidía la capilla del Colegio toledano.

El Apostolado supuso una importante novedad en el contexto iconográfico español. Pensemos que hasta ese momento el Renacimiento solía representar a los apóstoles agrupados en la Cena, sin embargo el Greco, con su espíritu contrarreformista, optó por un tratamiento individual plasmando en sus cuadros las almas de los apóstoles. La técnica veneciana de Tintoretto y Tiziano da relieve al rostro y a las manos y está presidida por una gran unidad de estilo: figuras de medio cuerpo, con cabezas pequeñas en elevación trascendente; las manos hablan, conectan, suplican, en definitiva figuras que casi parecen bocetos, al no detenerse el pintor en los detalles y que resaltan sobre fondos oscuros con colores un tanto apagados. Son 13 cuadros, todos ellos de igual tamaño, representando el principal del conjunto a 'El Salvador' de frente y bendiciendo a sus discípulos, y los otros doce cuadros con una singular disposición representan a los santos de forma que seis de ellos miran hacia el lado izquierdo y los otros seis miran hacia el lado derecho.

Como alguien dijo con esta obra 'reverdece su pasado de pintor bizantino de iconos en la isla de Creta y en la Imperial Toledo arquetipo de ciudad oriental y misteriosa alcanza su plenitud, como el mejor representante pictórico del misticismo español de la época, a pesar de que el rey Felipe II le despidiera porque sus figuras y composiciones no le invitaban a la oración.'

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