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Arte y Libertad

Año VIII - Número 47

Actualizado a 29/05/2011

Ricard Silvestre

Manuela García

Galería del Palau. Hasta el 30 de abril

Para muchos de los amigos de Ricard Silvestre (1966), entre los que me encuentro, ha sido una agradable sorpresa esta exposición que nos presenta una faceta suya nueva. Hasta ahora conocíamos sus pinturas impregnadas de su amor por la filosofía y muchas veces transcripciones pictóricas de textos de sus filósofos favoritos, ya que no en vano Ricard es licenciado en Filosofía y doctor en Bellas Artes. Pero ahora lo que nos muestra es su faceta de jardinero ecológico. Me contaba como, armado de una sierra mecánica (no sé por qué pero ese instrumento siempre me hace recordar las películas gore), que desde luego no casa con su apariencia de hombre elegante y tranquilo, se lanzaba a la caza de esas ramas, troncos o raíces de árboles ?principalmente oliveras y cipreses de Arizona- que, vencidos ya por la edad, por los efectos nefastos de la Naturaleza o la mano perversa del hombre, habían terminado su ciclo vital. Y, donde el resto de humanos veríamos sólo un trozo de leña, bueno si acaso para encender una hoguera, él ve monstruos, divinidades, faunos o simplemente, como dice Román de la Calle en el catálogo: Tot un univers simbòlic i metafòric, alçat a cavall entre l?árt i la natura, a les portes de la Kunstkammer, des de la Wunderkammer. Tot i que pot ser aquestes obres són excesivament humanes per a ser divines i massa enigmàtiques per a ser humanes.

La exposición está muy bien montada lo que resalta la belleza plástica de las obras y es que Ricard, cuyo sentido estético es muy profundo, ha sabido sacarle a la Galería del Palau todas sus posibilidades y aprovecharse de sus rincones y recovecos para realzar el contenido, cosa que no todos saben hacer. Así ha distribuido sus obras en tres espacios para diversificar su contenido y si en uno ha creado un pequeño bosque de totems indígenas en otro ha tenido la buena idea de presentarnos una serie de dibujos acompañando a unas esculturas que, en contra de lo que podríamos pensar, no son un resultado de ellos sino al revés han sido realizados tomando como referencia las obras ya creadas. En la tercera sala, la más grande, el resto de obras lucen esplendorosas con una iluminación que destaca las bellezas naturales de la madera y las añadidas por la mano maestra del artista en una comunión de ambas gracias a la que las anomalías se convierten en divinidades.

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