Año VIII - Número 47
Actualizado a 29/05/2011
Manuela García
Espartaco
Una amiga me contaba una cosa terrible sobre su marido, un secreto que no había descubierto hasta pocos meses después de casada: ¡es un fan de los peplums! Le gustan todos, los de romanos, egipcios o cristianos sin importarle si son relatos de la Biblia o no. Lo mismo le da Quo Vadis
que La Pasión de Cristo
, Los Diez Mandamientos
, Gladiator
, La Historia Más Grande Jamás Contada
, Espartaco
, La Última Tentación de Cristo
o Ben Hur
. Así, que durante estas vacaciones cogía el mando de la tele y se dedicaba a zapear hasta encontrar un peplum, cosa que por otra parte no era nada difícil. Algunos se los sabía de memoria y repetía los diálogos al pie de la letra. El único consuelo de mi amiga es que una vez pasada la Semana Santa su marido vuelve a la normalidad.
Y es que una de las señas de identidad de nuestra entrañable Semana Santa ?junto con el bacalao, las torrijas y las procesiones- es la indiscriminada programación televisiva de todo tipo de peplums
y cuando intentas hacer zaping sólo consigues ver la misma película en distintos momentos, ya que, sobre todo las cadenas autonómicas, han comprando los mismos títulos y la única variación es verlos a distintas horas (he contado hasta seis retransmisiones de Los diez Mandamientos
, eso si en dos versiones distintas). Tiene su parte buena y es que si te pierdes algo siempre existe la certeza de que lo podrás ver en otra cadena, de cualquier forma tampoco es demasiado importante ya que nos sabemos de memoria que aunque Lot insista mucho su mujer va a volver la cabeza y a quedar convertida en estatua de sal, que Pilatos se lavará las manos, que Ben Hur será salvado por el romano bueno que lo adoptará como al hijo que no pudo tener, que la revuelta de Espartaco no tendrá éxito o que Moises, una vez más, conseguirá que las aguas del mar Rojo se abran para que pase su pueblo y se cerrará sobre sus perseguidores.
Un peplum es en esencia una película de aventuras ambientada en la Antigüedad y el término fue acuñado por la crítica francesa en los años 60, usando metonímicamente el nombre de una prenda de vestuario muy frecuente en tales filmes, esa especie de túnica con faldilla corta para ellos y larga para las féminas, sin mangas y abrochada al hombro la llamada latinizadamente 'peplum', aunque el origen del nombre es griego ('πεπλον' -peplo-, y conste que no quiero ponerme en plan culto
). Una de las primeras películas de este genero parece ser que fue Hercules (1958), protagonizada por Steve Reeves, un ex Mister Universo que se transformó en uno de los rostros más reconocibles del género y que gustaba tanto a los hombres como a las mujeres, porque una de las características del peplum es su ambivalencia sexual.
Los italianos se dieron cuenta rápidamente de que ese modelo de cine podía ser un filón y se pusieron a fabricarlos como rosquillas, reciclando los mismos escenarios y vestuarios. Las señas de identidad: pocos medios, mucho cartón piedra, épica a destajo (limitada por el presupuesto reducido) y mucha aventura. Hollywood se dio cuenta de la mina de oro que se escondía en el territorio peplum, y se apunto al carro. En los últimos años el peplum parecía perdido....pero llegó Ridley Scott con una nueva tecnología, un gran presupuesto y los efectos especiales digitales y, después de años de oscuridad, lo devolvió a la gloria con su superproducción Gladiator, -que argumentalmente es en esencia un remake de La caída del Imperio Romano-. Y, siguiendo su estela, se rodaron Troya de Wolfgang Petersen, Alexander (sobre Alejandro Magno) de Oliver Stone, y la serie de televisión Roma, de la cadena HBO (la misma de Los Soprano). Esta moderna continuación del 'peplum' ha perdido en inocencia para dejar paso a las imágenes creadas por computador, uno de los principales males del cine de nuestros días que hace que las películas sean cada vez más apreciadas por sus virtudes técnicas que por las artísticas. ¡Qué lejos estamos de aquel hábil manejo de miles de extras y de la reconstrucción de monumentales escenarios, que en una combinación entre artesanía, arquitectura e ingeniería, edificaban circos romanos y palacios egipcios para deleite de los espectadores y sólo con el ancho de sus pantallas panorámicas conseguían los efectos visuales!
Pero para los verdaderos fans del peplum, los que las veíamos mientras nos hartábamos de palomitas, entre los que les confesaré no sin cierta vergüenza que me encuentro, estas nuevas películas son casi una traición a un género que nos dejaron secuencias tan magistrales como la carrera de cuadrigas de Ben Hur. Nada que ver con el proyecto que prepara Roman Polanski: una nueva reformulación del peplum, más grande, más caro, mas ambicioso, basado en el best seller de Robert Harris, Pompeii, en el que se invertirán la friolera de 150 millones de Euros, lo que la convertirá en la película más cara de la historia del cine europeo. Como ven el marido de mi amiga podrá seguir disfrutando, aunque sólo sea en Semana Santa, de los viejos y los nuevos peplums aunque ya nada será igual que antes....
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