Año V - Número 28
Actualizado a 29/05/2011
El escritor se adelantó a su época y quiso realizar una superproducción basada en la obra de Cervantes
Montse Fayos Fernández - m_fayos@yahoo.es

Estos días llega a nuestras pantallas la historia de un rodaje que no fue, o lo que es lo mismo, Lost in La Mancha, un documental que recoge los infortunios que sufrió Terry Gilliam para llevar a la gran pantalla las aventuras de Don Alonso Quijano, un proyecto que finalmente no se llegó a culminar. Si nos remontamos a la biografía de Vicente Blasco Ibáñez, descubrimos que el escritor también intentó darle vida cinematográfica a nuestro hidalgo universal y descartó la idea por su complejidad.
Recoge José Luis León Roca las siguientes palabras de Blasco en su biografía: Mi obra no será Sangre y Arena [?] sino el Quijote. Sí, sí, el ingenioso hidalgo lanzado al cine con toda su grandeza. [?] La entrada del caballero manchego en Barcelona será algo de resonancia en el mundo de la cinematografía
. Con estas manifestaciones Blasco revela la que será otra de sus pasiones y a la que se dedica entre 1916 y 1917, en el lapso de tiempo que transcurre entre la publicación de Los cuatro jinetes del Apocalipsis y Mare Nostrum.
Conviene, antes de adentrarnos en el proyecto fallido del Quijote, detenernos en el concepto que del séptimo arte tiene el escritor. En primer lugar, tal y como lo describe León Roca, el interés de Blasco por este nuevo invento no es más que la consecuencia de su espíritu trasgresor e innovador, siempre atento a las más recientes formas de comunicación que existen. La fijación de Blasco va más allá ya que, además de intuir que el invento marcará un hito en la historia, el valenciano asume el nuevo invento como un medio más para trascender, tan universal como la literatura y con una capacidad de impacto mucho más directa y dinámica.
Efectivamente, en una entrevista concedida a El Imparcial, el autor explica por qué quiere adaptar al cine una de sus novelas más populares: Sangre y arena, mi novela, será la primera película pensada y ejecutada por mí. Está traducida a todos los idiomas y el cine completará la traducción.
Y sin embargo, Blasco no se muestra partidario de las traducciones y prefiere el lenguaje audiovisual para difundir su obra, eso sí, siempre que él mismo dirija las películas en cuestión: No es sólo la letra la que pierde en las traducciones, sino el alma misma de la obra [?] Pensamos en el cine hecho, intervenido, mejorado por nosotros, matiz nuevo de nuestro propio espíritu.
Blasco sabe con mucha certeza cómo quiere emplear la nueva vía de universalización que el cine le abre y, si bien en un principio su objetivo es hacer una película de Sangre y Arena, poco después cambia de opinión y fija su interés en la novela más importante de la literatura española: Don Quijote de la Mancha. Como ya hemos mencionado, Blasco concibe una superproducción con todo lujo de detalles y, lógicamente, decide que el texto que mejor responde al cine grandilocuente que ha pensado es la novela de Miguel de Cervantes.
Situémonos en la coyuntura social del momento y podremos entender mejor la ambición del valenciano. En 1916 David Griffith ha estrenado Intolerancia tras su aclamada El nacimiento de una nación (1915) y ha mostrado al mundo entero las posibilidades épicas que el lenguaje cinematográfico ofrece. Blasco Ibáñez no es un escritor discreto sino que explora constantemente nuevos lenguajes con los que sorprender a la mayor cantidad de gente posible y tiene ansias de trascendencia; nada le hará más feliz años más tarde que saber que su nombre y sus novelas se pronuncian en los lejanos y poderosos Estados Unidos. Es por tanto lógico que el escritor desee abrirse paso en el séptimo arte con una producción de las dimensiones del Quijote, adelantándose a la gran cantidad de directores que se interesarían por este personaje, décadas después.
El Quijote de Blasco nunca llega a ver la luz, precisamente porque el autor no consigue escribir una adaptación que responda a sus expectativas para trasladar las aventuras del hidalgo a la gran pantalla, tal y como lo requiere la ocasión. Al parecer se conserva un guión según el cual el Quijote que Blasco concibe es un moderno hidalgo, que enfrenta su mente aventurera a la sociedad de la época, al estilo de las novelas de la Ilustración francesa. Blasco no será el único director que conciba un Quijote desplazado de su entorno.
Finalmente, el escritor abandonará el proyecto y rodará Sangre y Arena en 1917, que se estrena en el Hipódromo de París con un éxito clamoroso.
La obra más adaptada
No es de extrañar que Vicente Blasco Ibáñez descartara finalmente su propósito por la complejidad que entraña, ya que a juzgar por la calidad de las numerosísimas adaptaciones que se han hecho de la novela, no es empresa fácil.
Lo que sí merece elogio y comentarios es, una vez más, el carácter pionero que demostró el escritor. Si tuviéramos que elegir a un homónimo de Blasco en el cine, sin duda nos decantaríamos por Orson Welles, cuyo talento y excesos creativos son similares en algunos momentos. Welles comenzó a rodar en 1955 su visión del Quijote, en la que el hidalgo visita junto a su escudero la España de los 60, enfrentándose a una sociedad oscura y cambiante. Por tanto, ambos creadores coincidieron en su revisión de las aventuras del hidalgo, y Welles también renunció al proyecto, que fue retomado en 1992 por Jesús Franco. Éste realizó un montaje que se estrenó en la Expo de Sevilla, sin pena ni gloria.
La más reciente experiencia fallida del Quijote cinematográfico se ha estrenado recientemente en un reducido número de cines de nuestro país, en forma de película que nunca llegó a ser, o documental de cómo un rodaje se complica progresivamente hasta que fracasa. Lost in La Mancha (Perdido en La Mancha) es un documental firmado por Keith Fulton y Louis Pepe. La historia se remonta a cuando el único Monty Python que no es británico, Terry Gilliam, decidió realizar la enésima adaptación de Don Quijote de la Mancha. Bajo el título El hombre que mató a Don Quijote, iba a ser una producción con estrellas de la talla de Johny Depp, Vanesa Paradis o Jean Rochefort pero el rodaje se convirtió en una sucesión de infortunios propia de una película de los Monty Python. Aviones que sobrevolaban los exteriores, tormentas de arena y viento, una hernia discal del protagonista, todo queda recogido en esta especie de making off de una película que nunca vio la luz. Pero no todo lo que envuelve al Quijote en el cine son fracasos aunque sí es cierto que las adaptaciones realizadas de la obra de Cervantes han corrido desigual suerte y un reducido porcentaje se puede salvar de la quema, ya que la mayoría son fácilmente olvidables. Los primeros intentos se remontan a los albores del cine mudo: una producción de animación francesa estrenada en 1909 y la película dirigida por el español Narciso Cuyás en 1908.
En nuestro país, la cinematografía franquista también se hizo con el hidalgo universal, al que Rafael Gil recreó en 1947 en la persona de Rafael Rivelles, impregnando el filme del ideario y los valores de la época.
El acercamiento más reciente ha sido el de Manuel Gutiérrez Aragón, que se ha enfrentado al texto de Cervantes en dos ocasiones. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha fue la primera, en forma de mini serie para TVE protagonizada por Fernando Rey y Alfredo Landa. En 2002, Gutiérrez Aragón estrenó la película El caballero Don Quijote, considerada la segunda parte de su trabajo, en la que Juan Luis Galiardo sustituye al fallecido Fernando Rey.
El director mexicano Roberto Gavaldón, que adaptó al cine La barraca, trasladó a la gran pantalla su libérrima visión del Quijote en 1973, con Fernando Fernán-Gómez y Cantinflas en la producción Don Quijote cabalga de nuevo. Este último actor cómico aparecía años antes en la parodia Un Quijote sin mancha.
A pesar de que la calidad de las producciones de Manuel Gutiérrez Aragón es indiscutible, las mejores adaptaciones que se conocen de la novela cervantina no están realizadas en España. Una de ellas es el Don Quijote de Georg Wilhem Pabst (1933), considerada como un clásico, y la otra es Don Kikhot, del ruso Grigori Korintsev, que data de 1957.
A lo largo del último siglo se han sucedido las revisiones en forma de ballets, musicales, documentales, series, telefilmes, dibujos animados e incluso una versión erótica, The erotic adventures of Don Quixote, de 1976. En España recordamos con especial cariño la excelente adaptación infantil de 1980, en la que Fernando Fernán-Gómez y Antonio Ferrandis prestaban sus voces a los protagonistas.
En suma, Cervantes creó un personaje carismático y una novela que recoge la esencia del cine en estado puro y así lo vio Vicente Blasco Ibáñez desde los inicios del cinematógrafo. Si la recientemente estrenada Lost in La Mancha es la historia de un rodaje que nunca se convirtió en película, el proyecto de Blasco es la quimera de una superproducción que nunca llegó a existir.
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