Año VIII - Número 47
Actualizado a 29/05/2011
M. Corachán
Inauguración exposión Arroyo. foto: Natalia Guaraná
IVAM. Hasta 13 de abril
30 cuadros y 17 esculturas muestran el trabajo realizado por Eduardo Arroyo (Madrid, 1937), en los últimos diez años. En la rueda de prensa el artista dijo que su obra había evolucionado, pero ¿es esta una apreciación positiva o negativa? La democracia que, indudablemente nos ha traído muchas cosas buenas, una de las mejores la libertad de expresión, ha sido, sin embargo, en ocasiones perjudicial para el arte.
Arroyo que, desde sus inicios en los años 60, utilizó la figuración desde una actitud vital y artística comprometida con la realidad española, a la que aludía constantemente con una crítica profunda y cargada de esa ironía que aún le sigue caracterizando, ha perdido parte de aquella "garra" que le empujó a tomar iniciativas comprometidas que acabaron por una parte llevándole al exilio y por la otra a ser tildado de reaccionario por su desmitificación de algunos mitos vanguardistas ?Duchamp o Miró- y la defensa del papel del mercado como protector y termómetro del arte frente a la red de museos e influencias sufragadas con dinero público. Su oposición al régimen franquista quedó manifestada en su participación en la III Bienal de París, formando parte del grupo L?Abbatoir, y en la exposición realizada el mismo año, 1963, en la Galería Biosca de Madrid, que por cierto sería clausurada poco después de su inauguración. En los sesenta, y como consecuencia de sus preocupaciones estéticas y de la polémica entablada ante la postura que el arte debe adoptar entre el compromiso político y las vanguardias, ven la luz series como Vivir y dejar morir o el fin trágico de Marcel Duchamp y Miró rehecho que le permiten satirizar y criticar la cultura, la política y la sociedad de la época. Si sus primeros trabajos suponían como hemos visto, desde una clave nada romántica sino más bien cáustica, una actitud de oposición ante las dictaduras, ya fuesen políticas o artísticas, o una visión de la "spaña negra"
con una reinterpretación de los tópicos españoles desde un punto de vista un tanto surrealista ?él confiesa que el surrealismo está en el fondo de sus obras aunque sea de una manera subliminal-, los de ahora tratan temas que, aunque siguen cargados de significados y están realizados, como siempre, con su rico vocabulario iconográfico, se alejan de una crítica seria a la situación política y cultural por la que atraviesa no sólo nuestro país sino el mundo entero. ¿A quién le interesan las historias de santos, las "copias" de Durero o el Don Juan Tenorio? Y que decir de su escultura, a la que parece que últimamente se está dedicando especialmente, ni los materiales, ni las formas, ni los contenidos nos dicen nada nuevo.
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