Año VIII - Número 46
Actualizado a 29/05/2011
Manuela García
(*). foto: Angela Gatti
En nuestro número 41, correspondiente al mes de marzo, publicamos una reseña de la que sería la última exposición, en la Sala Rosalía Sender, de Guinovart en Valencia. Un año antes, en l?Almodí pudimos ver el trabajo de sus últimos cinco años, una obra equilibrada en el contenido y la forma que creaba una complicidad entre el cuadro y el espectador trasmitiéndole sus preocupaciones estéticas y sociales. Él lo expresaba así: 'Creo que el artista tiene dos compromisos fundamentales, buscar el lenguaje, el como y la forma, es decir, los contenidos formales que son la clave de la creación y por otra parte los contenidos existenciales: ética, crítica, humanismo'. De manera natural, Guinovart diluía los límites entre arte y vida. Pintor, ilustrador, escenógrafo, escultor y grabador ha sido uno de los artistas más singulares de la segunda mitad del siglo XX, legando una obra comprometida política y socialmente con la que buscaba 'alcanzar lo inalcanzable'. Aunque vinculado a las vanguardias artísticas surgidas en la Barcelona de los 50, supo escoger su propio camino huyendo del encasillamiento con un estilo definido y evolucionando permanentemente. En su obra destaca la presencia matérica con la incorporación de elementos y objetos diversos, que siempre tienen además una lectura simbólica que aproxima realidad y obra, y que junto con el título de la obra permite interpretar sin dificultad el tema del que trata. Y, lo que es una constante en Guinovart, la utilización de su entorno vital como materia prima para la creación de sus obras, ya sea el campo en el que pasó su infancia, el bosque junto al que tiene su estudio o el desierto argelino que se manifiestan a través de símbolos para formar parte de una poética subjetiva. Agramunt, el pueblo de su madre, le dio un sentido profundo de la naturaleza: 'La encina nos recuerda todo lo que nuestra sociedad actual ha perdido. Y no apelo a la nostalgia sino a la calidad de vida'. Por eso decidió crear allí el Espai Guinovart, donde se exhibe de forma permanente su obra. Su trabajo es, en definitiva, un diálogo con la naturaleza de la que saca lo que hay de profundo y misteriosos en ella. Guinovart consideraba, según explicaba a Efe en 2004, que el artista es un reflejo constante de su propia historia, por lo que 'debe salvar su libertad y no caer prisionero de un estilo, de una reputación o de un éxito'. Otra de las constantes en su trayectoria artística y vital es el compromiso político y social, que abarca desde la denuncia del régimen franquista hasta su oposición a la guerra de Irak.
(*) Obra cedida por Galería TAMAR
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