Año VIII - Número 48
Actualizado a 29/05/2011
Alberto Requena

Esta novela sin duda una de las más populares de Blasco Ibáñez, me trae recuerdos de mi niñez, pese a que la leí a los 17 o 18 años de edad.
Me refiero al gran ambiente taurino que había en mi casa; mi padre era amigo de Manolete, ya que eran paisanos y vecinos de Córdoba, también mi abuela era muy amiga de doña Angustias, la madre de Manolete, por todo ello era un ídolo para nosotros.
Mi padre siempre se refería a él como a un hermano pequeño, ya que tenía 21 años más que él y cuando murió en 1947 (un año antes que mi padre) fue un autentico luto en mi casa, como si de un pariente se tratara.
Recuerdo perfectamente, oír hablar del mundo de los toros, por lo que pese a no haber visto nunca una corrida de toros, tengo conocimiento suficiente para opinar sobre el tema, sobre todo después de haber leído la novela que nos ocupa.
El ambiente y los personajes en mi opinión están perfectamente identificados y reflejan lo que conozco por haberlo oído a mi padre en muchas ocasiones y los reportajes cinematográficos y televisivos.
En cuanto a las versiones cinematográficas que se han realizado de su novela, yo me quedaría con la versión de 1941, interpretada por Tyronr Power y Rita Haywortt, dirigida por Rouben Mamoulian; este director tal vez no es demasiado conocido, pero en su época fue uno de los mejores, personalmente a mi me parece un genio; como muestra aludiré a Cristina Reina de Suecia
, película interpretada por Greta Garbo y a mi juicio una de las mejores interpretaciones de la misma.
La categoría de este director, se ve claramente en la misma, refleja perfectamente el espíritu de la novela de Blasco y también la interpretación de los actores es impecable.
Parece mentira que un mediterráneo
como Blasco refleje con esa claridad y exactitud el ambiente andaluz, tanto en esta novela como en La bodega y en este caso y sobretodo el ambiente taurino.
La historia de Juan Gallardo es la clásica de los toreros que empezaron siendo pobres; primero las capeas, con hambre y privaciones, después paso a paso hasta triunfar y una vez triunfado la compra de una finca en el campo y en muchos casos como en el que nos ocupa y amoríos al margen del matrimonio la muerte en la plaza.
De la novela ?por no extenderme demasiado- destacaría el final, como refleja con su dramatismo peculiar la cogida y la muerte de Gallardo. ¡Pobre Toro! ¡Pobre España! De pronto, el circo, rumoroso, lanzó un alarido saludando la continuación del espectáculo. El Nacional cerró los ojos y apretó los puños.
Rugía la fiera: la verdadera, la única.
Finalmente sólo me queda como en otras ocasiones recomendaros la lectura de esta obra, a los que no la conocéis y a los que la conocéis que la releáis por que vale la pena y el próximo año, en 2008, se cumplirá el centenario de su publicación.
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