Año VIII - Número 44
Actualizado a 29/05/2011
Vicente Blasco Ibáñez
Golpe de estado del General Pavía
He aquí la última parte de la sesión del 3 de enero, tal como está consignada en las notas taquigráficas de los redactores de las Cortes.
Abierta de nuevo la sesión a las siete menos cinco minutos, dijo:
El vicepresidente (Sr. Cervera): Empieza la votación para nombramiento de presidente del Poder Ejecutivo. Advierto a los señores diputados que las papeletas deben estar firmadas.
Pidiendo la palabra varios señores diputados, mientras se votaba, dijo:
El vicepresidente no puede conceder la palabra; se está en una votación, pero el presidente sabe su deber y lo cumplirá.
El secretario (Sr. Benítez de Lugo): ¿Ha dejado de votar algún señor diputado?
Repetida esta pregunta y no contestada, dijo:
El vicepresidente: Se cierra la votación; se procede al escrutinio.
A los pocos momentos, y habiendo comenzado el escrutinio, el señor presidente (Salmerón) ocupando su sitial e interrumpiendo el acto dijo:
Señores diputados: Hace pocos momentos que he recibido un recado u orden del capitán general (creo que debe ser ex capitán general de Madrid) por medio de dos ayudantes, para decir que se desalojara el local en un término perentorio... (Varias voces: Nunca, nunca) Orden, señores diputados; la calma y la serenidad es lo que corresponde a ánimos fuertes en circunstancias como éstas. Para que se desalojara el local en un plazo perentorio, o de lo contrario, lo ocupará a viva fuerza. Yo creo que es lo primero y lo que de todo punto procede... (El tumulto que se levanta en el salón interrumpe al Sr. Presidente. Se oye decir que esto es ofensivo a la dignidad de la Asamblea) Señores diputados, sírvanse oír la voz... (Continúa el tumulto) Orden, señores diputados... (Mucha calma, mucha calma, se grita por algunos) Yo recomiendo a los señores diputados la calma y la serenidad... (Continúa el tumulto) (El Sr. Chao: Esto es una cobardía miserable) Señores diputados, vuelvo a recomendar la calma y serenidad.
Entiendo que bajo esta presión, no debe continuar la votación que estaba verificándose. En los momentos en que este recado se había recibido, aún no había terminado, sino que estaba comenzando el escrutinio.
El gobierno presidido por el digno e ilustre patricio D. Emilio Castelar es todavía Gobierno; no hace mucho tiempo que os decía que tenía una perfecta conciencia del sentimiento de su deber, por el valor y por la energía con que sabía inspirarse para defendernos, y acaba de darme palabra de ello, por momentos hace, con la lealtad que está fuera de toda duda; y toda vez que bajo esta presión no podemos continuar verificando la votación, y puesto que todavía es Gobierno, sus disposiciones habrán adoptado ya. Entretanto, yo creo que debemos seguir en sesión permanente, y seremos fuertes, para resistir hasta que nos desalojen a la fuerza, dando un espectáculo que aun cuando no sepan apreciarlo en lo que vale aquellos que sólo pueden conseguir el triunfo por ciertos medios, las generaciones venideras sepan que los que antes éramos adversarios, ahora todos hemos estado unidos para defender la República. (Varios diputados: Todos, todos.)
Un diputado: ¡Viva la soberanía nacional! ¡Viva la República! ¡Viva la Asamblea! (Estos vivas fueron contestados por todos los lados de la Cámara.)
El presidente: No esperaba yo menos, señores diputados; ahora somos todos uno. (Varios diputados: Todos, todos.)
Se han borrado en estos momentos todas las diferencias que nos separaban, hasta tanto que no quede integrada esta Cámara en la representación de la soberanía nacional (Muy bien) y que se le podrá arrancar por la fuerza de las bayonetas, pero que no se le arrancará el derecho que tiene.
El presidente del Poder Ejecutivo (Sr. Castelar): Pido la palabra.
El presidente: La tiene S.S.
El Sr. Castelar: Yo siento no participar en la opinión de S.S. respecto al escrutinio, porque yo creo que el escrutinio debe continuar como si no sucediera nada fuera de esta Cámara. Puesto que todavía tenemos aquí libertad de acción, continuemos el escrutinio, sin que por eso el presidente del Poder Ejecutivo tenga que rehuir ninguna responsabilidad. Yo he reorganizado el ejército, pero lo he reorganizado no para que se volviera contra la legalidad, sino para que la mantuviera. (Aplausos.)
Yo, señores, no puedo hacer otra cosa más que morir aquí el primero con vosotros... (Bravo, bravo.)
El Sr. Benot: ¿Hay armas? Vengan. Nos defenderemos.
El presidente: Señores diputados: Inútil sería nuestra defensa y empeoraría nuestra causa.
Un diputado: No se puede empeorar.
El presidente: Digo que nosotros nos defenderemos con aquellas armas que son las más poderosas en estos momentos; las de nuestro derecho, las de nuestra dignidad y las de nuestra resignación para recibir semejantes ataques.
El presidente del Poder Ejecutivo: Pero hay una cosa que hacer... (Un diputado: Que se de un voto de confianza al ministerio que ha dimitido.) De ninguna manera; aunque la Cámara lo votara, este Gobierno no puede ser Gobierno, para que nunca se dijera que había sido impuesto por el temor de las armas a una Asamblea soberana. Lo que está pasando me inhabilita a mí perpetuamente, no sólo para ser poder, sino para ser hombre político.
Un diputado: No, que te creemos leal.
El presidente del Poder Ejecutivo: Así es, señores, que a mí no me toca demostrar que yo no podía tener parte alguna en esto. Aquí, con vosotros los que esperáis, moriré y moriremos todos.
El Sr. Benot: Morir no, vencer.
El Sr. Chao: Me atrevo a hacer una declaración y una petición a la Cámara y al Sr. Presidente del Poder Ejecutivo, y es que, si lo tiene a bien, expida un decreto documental declarando fuera de la ley al general Pavía, y otro decreto sujetándole a un consejo de guerra, y si es necesario, desligando de la obediencia al soldado.
(Muchos diputados: Sí, si.)
El ministro de la Guerra (Sr. Sánchez Bregua): Pido la palabra.
El presidente: La tiene S.S.
El ministro de la Guerra: Señores diputados: en este momento, cumpliendo con la voluntad soberana de las Cortes, voy a expedir el decreto destituyendo al general Pavía de sus honores y condecoraciones. (Aplausos. Muy bien.)
El Sr. Fernández la Torre: Y que se haga saber a la parte del ejército que está a las puertas del Congreso.
El Sr. Olave: Había pedido la palabra.
El presidente: Dispénsemele Sr. Olave; creo que la había pedido antes el Sr. Canalejas, y tiene la palabra.
El Sr. Canalejas: Era tan sólo para indicar a la Cámara, si lo cree conveniente, a fin de ganar tiempo, que en estas ocasiones el tiempo es precioso, que la Cámara comisionando desde luego a dos o tres diputados, vaya a llevarle el decreto que acaba de dictar esta Asamblea, al general rebelde.
El presidente del Poder Ejecutivo: Yo no puedo consentir que ningún diputado al llevarle pueda exponerse... (Un diputado: Yo voy, Varias voces: Yo también.)
El Sr. Chao: Venga el decreto, exonerándole, y yo le llevo. (Otros diputados: Y yo también.)
El Sr. Calvo: La guardia civil entra en el edificio, preguntando a los porteros la dirección, y diciendo que se desaloje el edificio de orden del capitán general de Madrid.
El Sr. Benítez de Lugo: Que entre, y todo el mundo a su asiento.
El presidente: Ruego a los señores diputados que se sirvan ocupar sus asientos, y que sólo esté en pie aquel que haya de hacer uso de la palabra.
El Sr. Benítez de Lugo: He pedido la palabra.
El presidente: La tiene S.S.
El Sr. Benítez de Lugo: Es para rogar a los Sres. Diputados de la izquierda y del centro, que han votado conmigo, yo que no puedo ser sospechoso, porque he consumido mi turno en contra de la política del Sr. Castelar, que en este momento la Cámara entera de un voto de confianza al Sr. Castelar. (Muchos Sres. Diputados: Por unanimidad.)
El Sr. Presidente del Poder Ejecutivo: Ya no tendría fuerza y no me obedecerán.
El Sr. Presidente: Ruego a los señores diputados que ocupen sus asientos.
No tenemos más remedio que ceder ante la fuerza, pero ocupando cada cual su puesto. Vienen aquí y nos desalojan. ¿Acuerdan los Sres. Diputados que debemos resistir? ¿Nos dejamos matar en nuestros asientos? (Varios señores diputados: Sí, sí, todos.)
El Sr. Presidente del Pode Ejecutivo: Señor presidente, yo estoy en mi puesto y nadie me arrancará de él; yo declaro que me quedo aquí, y aquí moriré.
Un Sr. Diputado: Ya entra la fuerza armada en este salón.
(Penetra en el salón tropa armada)
Varios Sres. Diputados: ¡Qué escándalo!
El Sr. Presidente del Poder Ejecutivo: ¡Qué vergüenza!
Varios Sres. Diputados: ¡Soldados! ¡Viva la República federal! ¡Viva la Asamblea soberana!
(Otros señores diputados apostrofan a los soldados que se repliegan en la galería, y allí se oyen algunos disparos, quedando terminada la sesión en el acto.)
Eran las siete y media de la mañana.
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