Año VIII - Número 44
Actualizado a 29/05/2011
Alberto Requena
Portada de una la de las ediciones de "Oriente"
De las narraciones de viajes que Blasco Ibáñez escribió, Oriente es tal vez la menos popular; que duda cabe que no tiene la fuerza y extensión de su gran Vuelta al mundo de un novelista
, ni el colorido de En el país del arte
, pero me parece una obra sumamente interesante que vale la pena conocer.
Ante todo quiero aclarar para los que no la conozcan que el título se refiere al oriente de Europa, ya que es en Turquía, donde termina el viaje y sobre todo donde recrea el mayor tiempo de su narración.
El viaje comienza en Vichy el célebre balneario francés y como siempre nos retrata el ambiente de principios del Siglo XX con claridad meridiana.
Más tarde pasa a Suiza, reflejando con gran detalle las ciudades de Ginebra, Berna y Constanza, especialmente sus maravillosos lagos.
Después continúa por Alemania y Austria, se recrea en la ciudad de Munich y sobre todo en Bayreuth, tan ligada a la vida de Wagner su músico más admirado, relata detalles de su vida y sus contactos con Luis II de Baviera su gran benefactor.
De Viena sigue a Salzburgo, ciudad donde nació Mozart otro de sus admirados músicos y también relata detalles de su vida.
Seguidamente recorre los Balcanes, escribe sobre Belgrado y a continuación Bulgaria, especialmente sobre su capital, Sofía y a Hungría, comenta que a su capital Budapest la considera la puerta
de la Europa europea, ya que a partir de ella entramos en la Europa asiática, de esta manera digamos que concluye la primera parte.
La parte más extensa y para mí la de mayor interés por sus peculiaridades la trata sobre Turquía, especialmente sobre la ciudad de Estambul.
La fotografía que hace del Cuerno de oro
(Bosforo), sin duda uno de los estrechos más famosos del mundo es impresionante, la Torre de Galata
y el gran puente a Estambu
.
Un detalle sumamente pintoresco es el de los perros de aquella ciudad que viven sueltos atendidos por sus habitantes que los mantienen y cuidan, los compara con las palomas venecianas.
Pero a mí personalmente lo que más me admira son los derviches danzantes
, especie de monjes que efectúan sus ritos danzando, que muchas veces hemos visto en películas, es un espectáculo impresionante ver sus giros vertiginosos con sus faldones al vuelo.
También es peculiar cuando relata su visita a la mezquita de Roufat y los derviches aulladotes
; estos al contrario de los danzantes, realizan sus ritos con canciones religiosas de una forma especial.
Finalmente recomiendo su lectura, porque esta narración como todas las que escribió nuestro admirado Blasco, es como decía al principio muy interesante y sobre todo pintoresca y además se cumple en esta año de 2007 el centenario de su publicación razón añadida para leerla nuevamente o por primera vez si no la conocían.
Así de este modo pueden leer de forma tranquila, siguiendo sus centenarios, toda la obra de nuestro insigne novelista.
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