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Arte y Libertad

Año VIII - Número 44

Actualizado a 29/05/2011

MUERE FRANCISCO UMBRAL: EL "ÚLTIMO HOMBRE LIBRE"

Montse Fayos

No hay derecho. ¿Dónde hay que pedir el libro de reclamaciones? Porque en los tiempos del absurdo, la corrección política y la gilipollez extrema que nos invade, no hay derecho a que se marche una de las pocas cabezas lúcidas que nos quedaban. No puede ser.

Francisco Umbral nos dejó la última semana de agosto, cuando sesteábamos al final del verano laboral y esperábamos que su columna volviera a las páginas de El Mundo, con el curso escolar. Se ha ido un provocador, un maestro del lenguaje, un columnista irremplazable y un pensador de los que pegan pataditas en la espinilla al saber estar: inteligente, mordaz, con un punto de arrogancia, mucha mala leche y una cultura literaria infinita.

Sucede que de cuando en cuando el talento se manifiesta en personas sin estudios, autodidactas, como era nuestro añorado José Luis León Roca y como era también Umbral, a quien le gustaba contar que a los 11 le expulsaron del colegio y no volvió a pisar un aula. Pero pisó las calles, como redactor en El Norte de Castilla, prohijado por Miguel Delibes, y allí adquirió el olfato periodístico, una vocación que Umbral nunca abandonaría. Ya en Madrid se hizo habitual de los círculos intelectuales y progresistas del momento, azotando con su prosa a todo y todos. Siempre con la pluma en mano, probó suerte como novelista y recibió algunos de los galardones más prestigiosos de nuestro país, en reconocimiento a un talento que nunca dejó de brillar. En la madurez, incluso se convirtió en un polemista catódico, con aquello de ¡He venido a hablar de mi libro!, y es que el maestro se reía hasta de su sombra.

Más allá de las extensas biografías que se han publicado estos días, aconsejo la lectura de un libro de Francisco Umbral, Amar en Madrid, que es pura poesía en forma de prosa, un emotivo canto a su Madrid, el de la Corrala, el Price, las pipas, los taxistas, los gitanos, las capas, las chabolas y, cómo no, el Café Gijón. Emociona incluso a quien haya nacido a kilómetros de la capital porque destila amor por todas partes, un homenaje similar al Tiovivo 1920 de Garci y es que, lo dice Umbral en su prólogo: Esto no es un libro, no quiere serlo. Quien vuelve sus páginas toca a una ciudad.

Hasta siempre, maestro. Le echaremos de menos.

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