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Número 43
3 de Julio de 2007

Nuestra historia y costumbres

HISTORIA DEL PUERTO DE VALENCIA

El Palacio neoclásico del intendente Pineda

Valencia: capital de la República

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Año VIII - Número 43

Actualizado a 29/05/2011

Valencia: capital de la República

M. Corachán

Plaza de Emilio Castelar, hoy plaza del Ayuntamiento

Plaza de Emilio Castelar, hoy plaza del Ayuntamiento

Un deseo y un recuerdo. Eso es lo que es para mí, y espero lo sea para muchos, el titular de este artículo que viene a ser una continuación del que publicábamos el año pasado desde estas mismas páginas dedicado, entonces, a recordar el 75 aniversario del inicio de nuestra malaída Guerra Civil. El de ahora nos recuerda que nuestra ciudad fue por un corto periodo de tiempo, del 7 de noviembre de 1936 al 31 de octubre de 1937, capital de la II República. Para la ciudad esto supuso un cambio completo, tanto por lo que se refiere a su imagen como a la vida cotidiana de sus habitantes. Se cambiaron nombres de calles - la avenida del Puerto pasó a ser de Lenin; la calle San Vicente recibió el nombre de Largo Caballero; la plaza Tetuán se convirtió en la plaza Roja...- y los distintos ministerios y dependencias del Estado se instalaron en los palacios abandonados o expropiados de la aristocracia valenciana, así, por ejemplo, la presidencia de la República se ubicó en el palacio de Benicarló.

Pero Valencia, también, fue punto de encuentro entre intelectuales, que acudieron al Congreso de Intelectuales Antifascistas, espías y numerosos artistas que vinieron a apoyar a la República implicándose, con todas sus consecuencias, en la defensa de unos ideales románticos que ni la pérdida de la guerra pudo destruir. Así por sus hoteles, bares y calles se pasearon Ernest Hemingway, Max Aub, Rafael Alberti, Octavio Paz, John Dos Pasos, León Felipe, André Malraux, Robert Capa o Renau, junto con miembros de las Brigadas Internacionales y corresponsales de prensa de todo el mundo. Hoteles como el Palace, el Metropol o el Victoria ?al que John Dos Pasos se refería como: Ese nido de corresponsales, agentes gubernamentales, espías, traficantes de municiones y mujeres misteriosas...- les sirvieron de albergue. Y bares como el Ideal o el Wodka fueron la sede de numerosas tertulias literarias y políticas. Todo ello hizo que la prensa madrileña acuñara el tópico del Levante feliz, con el que se quería, sobre todo, contrastar la escasez de alimentos por la que pasaba Madrid y la supuesta abundancia que de ellos había en Valencia.

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