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Número 43
3 de Julio de 2007

Oro Blanco

Botero: Una mirada diferente

El Equipo Crónica en la colección del IVAM

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Año VIII - Número 43

Actualizado a 29/05/2011

Botero: Una mirada diferente

M. Corachán

Masacre de Ciénaga Grande, foto: Natalia Guaraná

Masacre de Ciénaga Grande, foto: Natalia Guaraná

Fernando Botero nació en Medellín (Colombia) en 1932, pero fue en la ciudad de México donde comenzó a fraguar el que sería su estilo característico: personajes rotundos de mejillas coloreadas, presentados en su vida cotidiana, seres despreocupados que habitan en un mundo apacible y amable. Pues bien, las imágenes que nos presenta el Centro del Carmen, (del 26 julio al 12 de septiembre), se alejan de esa mirada hedonista para dar un testimonio de la barbarie que se cernía sobre su país donde los secuestros, torturas y masacres eran algo cotidiano en los años noventa. El mismo nos lo explica así: Yo estaba en contra de ese arte que se convierte en testigo de su tiempo como arma de combate. Pero en vista de la magnitud del drama que vive Colombia, llegó el momento en que sentí la obligación moral de dejar un testimonio sobre un momento irracional de nuestra historia.

No era esta la primera vez que Botero se acercaba al tema. Lo había hecho con anterioridad, por ejemplo en los murales Masacre de los inocentes y El secuestro, realizados para el Banco Central Hipotecario, o cuando acude a las páginas de sucesos de los periódicos para extraer temas relacionados con la violencia cotidiana, como en Teresita la descuartizada o El asesinato de Ana Rosa Calderón. Pero, es a partir de 1999 cuando centra toda su atención en recrear la dramática situación por la que pasan sus conciudadanos y presentarnos los trágicos sucesos que agitan el país. Rechazo el realismo en el sentido de copiar la realidad...Lo que yo hago es construir una composición que conserve una dimensión decorativa incluso en el drama, porque un verdadero pintor puede transformar una forma trágica como la muerte, en un elemento decorativo, por eso la paleta del artista sigue siendo alegre y festiva, aunque, ante la gravedad de los hechos que describe, su función en este caso sea la acentuar el contraste entre lo que se narra y los elementos plásticos que utiliza. Con ello trata de distanciarse del concepto del arte que tiene como única misión la de producir placer presentando personajes que viven unos sucesos trágicos y con los que el artista quiere hacer un rechazo absoluto de la violencia. Santiago Longoño señala que: Estas imágenes no invitan a la rebeldía o a la movilización social...Por eso mismo no son arte comprometido en el sentido convencional del término. El compromiso sigue siendo con el arte mismo, vale decir, con las necesidades expresivas del creador y con sus propias leyes.

La exposición, Una mirada diferente, está formada por 25 óleos y 42 dibujos donados por el artista en 2004 al Museo Nacional de Colombia para que los colombianos, al contemplarlos, hiciesen un acto reflexivo con el fin de que estas escenas violentas no se repitieran y porque consideraba que con el dolor de todo un pueblo no se podía comerciar. Las obras describen algunos de los acontecimientos trágicos ocurridos, a veces en pequeñas poblaciones, como por ejemplo, Masacre en la Catedral, en la que se nos muestra la matanza ocurrida en Bojayá, donde perecieron ciento diecinueve personas que se refugiaban en una iglesia.

Con esta muestra el Museo del Carmen nos ofrece una ocasión para disfrutar del arte de uno de los artistas más impresionantes de nuestro tiempo que ha sabido crear un estilo característico, al que ya se le conoce como Boterismo, y al mismo tiempo acercarnos a sucesos recientes ocurridos en un país hermano.

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