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Arte y Libertad

Año VIII - Número 43

Actualizado a 06/09/2010

CONSERVACIÓN PREVENTIVA (III). MEJOR PREVENIR QUE CURAR

Beatriz Hurtado Allegue

Este es el último de la serie de tres artículos en los que trestaller S.C ha colaborado con Arte y Libertad. Tras los artículos sobre la enmarcación preventiva y sobre el embalaje y trasporte de obras de arte, queremos hacer hincapié y definir lo que significa la conservación preventiva de obras de arte; nuestro Patrimonio Cultural.

El Patrimonio Cultural es parte de nuestra memoria colectiva y la herencia histórica de la que debemos hacernos responsables, ya que representan el testimonio vivo de lo que en otras épocas se ha realizado. Su conservación equivale, por un lado, a mostrar el respeto que debemos hacia el legado de los que nos precedieron y, por otro, al hacerlo entregamos el testigo de nuestra tradición cultural a los que nos sucederán.

Al preservarlo, estamos sirviendo de punto de unión entre el pasado, el presente y el futuro. La preservación de los objetos significa la preservación de los recuerdos. Para ello se deben proteger los objetos contra el deterioro físico químico y el ataque biológico. La velocidad del proceso de deterioro depende de los materiales que componen la obra y de las condiciones ambientales en las que se encuentran.

Una de las principales y fundamentales funciones de los museos es la conservación de los objetos que en él se albergan y que forman parte del Patrimonio Cultural.

Los objetos coleccionados y conservados en los museos son elementos fundamentales para el conocimiento de aquellos períodos a los que pertenecen, pero también necesarios para el desarrollo sociocultural del mundo entero. Si un cuadro de Velázquez perteneciente al Prado se deteriora, no es un hecho aislado que afecta al museo, ni al Ministerio de Cultura ni al Gobierno de un país, sino que afecta al mundo entero.

En las colecciones privadas el deterioro o mala conservación de un objeto artístico pude causar su devaluación económica. Y recordar que la pérdida del objeto significa la pérdida de los recuerdos. La responsabilidad contraída al ser poseedor de bienes culturales o cualquier tipo de legado importante para el que hacer del hombre, implica la disposición al uso y la adopción de normas que garanticen su transmisión a las futuras generaciones.

Hasta hace poco tiempo la conservación estaba dedicada fundamentalmente al cuidado de objetos individuales; la restauración constituía la función principal del conservador. La conservación preventiva, como método de trabajo que pretende controlar el deterioro de los bienes culturales antes que se produzca éste, no es una idea nueva, sino que ha ido evolucionando con el tiempo.

Desde la antigüedad, y más específicamente desde la época medieval, el renacimiento o el barroco, se aplicaban prácticas para la conservación de edificios, esculturas y pinturas con un enfoque preventivo. Sin embargo, a mediados del siglo XIX se produjo un auge de la restauración con el predominio de criterios más intervencionistas y agresivos. En la actualidad, afortunadamente, se ha vuelto a una tendencia más conservativa.

El objeto de la conservación es prolongar la vida del objeto y el propósito de la restauración revalorizarlo y hacerlo comprensible. La conservación es una actividad imprescindible ante un deterioro existente o inminente que debe de ser frenado.

Si la acción conservativa se enfoca hacía las causas posibles o probables del daño, hablaremos de conservación preventiva, y si la acción conservativa trata efectos ya presentes, se trata de una conservación curativa o terapéutica.

Entonces se podría definir la conservación preventiva como todas aquellas medidas aplicadas de forma directa sobre los objetos o sobre su entorno, para evitar las causas potenciales de daños.

Como hemos visto en los artículos anteriores, hay métodos para prevenir antes que curar y trestaller S.C con sus conocimientos y experiencia quiere ayudar y asesorar a coleccionistas. Como hemos visto, en ocasiones son métodos no muy costosos, simplemente aplicar algunas sencillas reglas: Una correcta enmarcación, un embalaje adecuado, la colocación de una obra en un entorno idóneo, (lejos de calefacciones, sin que les de la luz solar directamente?) pequeñas cosas de las que hay que ser consciente.

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