Año VIII - Número 43
Actualizado a 29/05/2011
Manuela García
* "Barracones en la playa"
El 18 de junio de 1997 se inauguraba la Casa-Museo Blasco Ibáñez. Y, para conmemorar el evento, la institución ha organizado una exposición, comisariada por Paco Carsí, con piezas cedidas por el Museo Sorolla de Madrid que nos presentan una faceta poco conocida del pintor valenciano en la que cultivó un arte cuya técnica abocetada se podría definir como antiacadémica. La muestra, presidida por un retrato de Sorolla obra de Manuel Benedito, la integran cuatro vitrinas con distintos documentos y fotografías cedidas por José Huguet y Rafael Solaz; y cuatro paneles con 25 notas de color
de temas valencianos, sobre todo de ese mar de Valencia donde la naturaleza le cala más hondo y le hace crear las más bellas escenas de playa ('Solo cuando pinto estoy bien... pero nunca como en Valencia', dijo en una ocasión), realizadas entre 1897 y 1904. Creaciones de pequeño tamaño en las que Sorolla se manifiesta de manera muy personal, siendo auténticos divertimentos en los que refleja sus influencias y experimentaciones, atrapa impresiones
y avanza temas y técnicas que luego utilizará en el gran formato. Llama la atención la falta de esa luminosidad, que le daría fama en sus obras de gran formato, pero debemos tener en cuenta, según el director del Museo Sorolla de Madrid Florencio de Santa- Ana, que el pintor ejecuta para sí y no se siente obligado a forzar la paleta, como ocurre en la inmensa mayoría de su gran formato
. En contra de lo que durante mucho tiempo se creyó, estas pequeñas piezas no son ni bocetos ni estudios preparatorios sino obras acabadas que el pintor realizaba para sí mismo, para ejercitarse en el color, y que, principalmente, fueron hechas durante los frecuentes viajes de Sorolla. La inmensa mayoría son óleos pintados al aire libre de una manera suelta y rapidísima ya que lo que le interesaba era recoger un instante preciso, como si de una fotografía se tratase. En opinión de los críticos, uno de los grandes atractivos del realismo de Sorolla partía de su absoluto dominio de la técnica, de su rapidez en el manejo del pincel y en su facilidad para la captación del color.
Los soportes, muchas veces improvisados, suelen ser cartones o tablas de madera que el pintor, por su pequeño tamaño, podía llevar siempre consigo. En cuanto a los temas abundan los costumbristas y los paisajes, con los que Sorolla se acerca a distintos ismos
como el impresionismo, por la pincelada menuda; el divisionismo, basado en la teoría de colocar los colores primarios juntos para que luego se unan en la retina; los diferentes estilos postimpresionistas; los colores planos de los fauvistas y, sobre todo, las técnicas de los machiaioili (manchistas) representantes de la aportación italiana al realismo europeo con una temática cotidiana y un paisaje realista y plainairista que, planteando soluciones simplificadoras y anticipándose a los impresionistas, fueron los introductores en la técnica de reproducir la realidad, tal como la veían, por medio de manchas de vivos colores, con una absoluta ausencia previa del dibujo que se convierte, al contrario que en la pintura académica, en el último acto con el que reconstruyen las formas a partir del color, y con los que Sorolla entraría en contacto a través de Pinazo. Seguramente, de ellos asimila algunos procedimientos técnicos, como el de trabajar directamente sobre la tabla sin preparación alguna y dejando intencionadamente espacios sin cubrir. Pero el pintor valenciano nunca sigue de forma rígida una determinada tendencia, sino que las practica todas para buscar su propia forma en la interpretación de la luz.
Pérez Rojas, en un artículo escrito para un catálogo sobre Sorolla de 1997, señala algunas similitudes de las muchas que hubo entre estos dos grandes artistas. Ambos pertenecían a la misma generación ya que sólo se llevaban cuatro años de diferencia (Sorolla nace el 27 de febrero de 1863 y Blasco Ibáñez el 29 de enero de 1867), fueron amigos durante toda su vida y representarón un valencianismo que en su época fue poco apreciado por el resto de intelectuales españoles, siendo su obra más valorada en el extranjero que en su patria. Sus trabajos son de un costumbrismo que procede de la observación directa de los tipos y escenas con un estilo cada vez más realista que culmina en una obra casi naturalista
. Sorolla, como su amigo el escritor Blasco Ibáñez, centra en un momento determinado gran parte de su atención en la descripción del mundo de la huerta y del mar. Pero en el aspecto en el que fundamentalmente triunfa el naturalismo de Sorolla es en la captación del ambiente y la atmósfera
. Sorolla saca el género de la marina del pintoresquismo en que estaba sumido entre los valencianos y se acerca a la realidad de la vida en el mar, al igual que el escritor Blasco Ibáñez en sus novelas
. También trata la influencia de Blasco sobre el pintor a la hora de elegir tema y título para algunos de sus cuadros, poniendo como ejemplo el de Triste herencia al que Sorolla en un principio pensó llamar Los hijos del placer y lo cambió por consejo de Blasco Ibáñez. Para Manaut Viglietti, Sorolla, con su pintura de tesis, interpreta plásticamente temas de la literatura naturalista entonces en apogeo
, pero considera que Sorolla no era un pintor literariamente cultivado, y que personas como Blasco Ibáñez debieron ejercer sobre él su influjo.
* Barracones en la playa, óleo sobre tela, 9,9 X 16,8 cm.
Nº de inventario Museo Sorolla 336.
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