Año VII - Número 42
Actualizado a 29/05/2011
Montse Fayos
Victoria Vera, Rafael Romero Marchent y Marujita Díaz
El director de Cañas y barro no ha percibido ningún derecho de autor por las reposiciones de la serie en TVE
Iba para médico pero afortunadamente no se cumplió el augurio hecho por su padre en forma de pacto verbal: Rafaelito, si en un año no haces nada de provecho, te dedicas a los estudios de Medicina
. En ese año se fijaron en él para galán de cine y el joven Rafael Romero Marchent inició una brillante carrera en la que se puede decir que ha tocado todos los palos. El pasado 27 de abril, a unos pocos días de cumplir 80 años, Rafael Romero Marchent recibió un cariñoso homenaje a cargo de algunos compañeros de profesión que quisieron así rendir tributo a un superviviente del cine español.
Romero Marchent se educó, en lo que a audiovisual se refiere, con una filosofía clara, que hoy en día parece haberse diluido: un director tiene que saber hacer de todo
. Así, en sus inicios fue un galán imberbe de películas de todo tipo, fue la voz de doblaje de Antonio Molina (sólo en sus diálogos, obviamente) y ocupó portadas de sociedad por su noviazgo de cinco años con Lola Flores. Cuando decidió ponerse detrás de las cámaras, Romero Marchent fue guionista y director y asumió infinidad de funciones técnicas que le hicieron ganarse el respeto entre la profesión. Hoy en día cuenta con 60 películas en su currículum, entre las que se alternan decenas de westerns infumables con films más o menos rescatables, pero sin duda su mayor logro han sido dos series que marcaron la transición en este país: Curro Jiménez y Cañas y Barro. Romero Marchent recuerda que Cañas y barro se hizo con un presupuesto mínimo, sin dinero y sin medios
, lo que le llevó a implicarse plenamente en su trabajo. Desde pedir permisos a los alcaldes para rodar hasta enseñar a perchar a los actores en una barca en plena Albufera, todo era poco para acabar haciendo una serie que ha recibido premios en todo el mundo y cuenta con el cariño de todos los españoles.
Aquí encontramos una de las primeras contradicciones en la vida de Rafael Romero Marchent, y es que hasta la fecha no ha recibido ningún dinero de las múltiples reposiciones de sus exitosas series. La SGAE parece que no repara mucho en esta injusticia y el director ha perdido las ganas de pleitear para recuperar una suma de dinero que le vendría bastante bien. Porque en la cima de su carrera, Romero lo dejó todo para cuidar durante 13 años a su mujer y eso le ha impedido cotizar correctamente, por lo que hoy subsiste con la pensión mínima y trabajos que su espléndida voz le permite realizar, en dramatizaciones radiofónicas. Curioso, para una persona que empezó a trabajar con poco menos de veinte años y lo hizo hasta triunfar.
Amigos de Rafael Romero
En Madrid se congregaron numerosos profesionales que quisieron mostrar su afecto a este director, que está en plena forma y pide a gritos trabajo porque tiene ganas de seguir siendo útil. Victoria Vera, Luis Varela, Marujita Díaz o Frank Braña asistieron al encuentro, en el que fue testigo de excepción el director de Arte y Libertad, Paco Carsí, ejerciendo de reportero en primera línea de fuego.
La reivindicación de Rafael Romero Marchent, Quiero trabajar. Me encantaría un papel de abuelo en alguna serie
es el grito de toda una generación de profesionales. Y no sólo una generación cronológica, sino toda una escuela que ya está en desuso, la de los directores que no han desdeñado ninguna tarea para adquirir oficio y la de los actores que seguían fielmente cualquier indicación. Como explicaba Romero Marchent, había quien le preguntaba incluso en qué mano sostener un vaso. Hoy en día, lo dijo López-Vázquez hace unos años, los actores jóvenes tienen una dicción espantosa y si eso, el pilar de la profesión, se está perdiendo, imaginemos todo lo demás.
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