Año VII - Número 42
Actualizado a 29/05/2011
Que vayan todos: pobres y ricos. 1896
Portada del libro de León Roca
Dice José Luis León Roca en la contraportada de su libro recopilatorio Artículos contra la guerra de Cuba
:
<Artículos contra la guerra de Cuba
, en los cuales aparece un Blasco Ibáñez totalmente inédito y desconocido. Periodista demoledor, de honda raiz popular, hizo gemir su pluma con el más vibrante y apasionado humanismo. El alzó en aquellas tristes circunstancias de la última guerra colonias, su potente voz denunciando las injusticias, los atropellos y las vejaciones, y proclamando su amor a la Verdad, a la Justicia y a la Libertad, ideales a los que consagró su vida>>.
Han sido ya, varias las veces que nuestros lectores han solicitado la publicación de algunos artículos de Vicente Blasco Ibáñez de la guerra de Cuba
.
Quizás no lo recuerden o no nos conocían todavía (la edición de entonces era de 2.000 ejemplares), pero ya publicamos el artículo El embarque de Ayer
de fecha 25 de agosto de 1896. Lo hicimos en dos partes, pues Arte y Libertad constaba de 4 páginas tan sólo. Fue en el nº 2 y el nº 3 de fechas 13 de julio y 21 de septiembre del año 2000.
Después de dar un repaso por los cuentos y leyendas de tema medieval de un joven y universitario Blasco Ibáñez, hemos decidido dedicar varios de los próximos números, de nuestra publicación, a rescatar del olvido aquellos artículos más entrañables y sinceros de este gran periodista que también fue Vicente Blasco Ibáñez.
Que vayan todos: pobres y ricos
de fecha 5 septiembre 1896. Ha sido el texto seleccionado para este nuevo ciclo.
Introducción a la temática
CUBA
José Luis León Roca
Biografía de Vicente Blasco Ibáñez
Pág 137 a 143
La unión de todas las fuerzas republicanas, que se proponen realizar en Madrid, aviva en las provincias el deseo de romper as enemistades existentes entre los grupos dispersos. Blasco Ibáñez, aunque dirige un periódico republicano, no está al servicio de ningún partido. Él, personalmente, sigue siendo federal de Pí y Margall y comparte sus opiniones políticas. Acata la posición de intransigencia cuando éste dice: No hay que pactar con la monarquía
.
El 23 de enero de 1895 tiene lugar en Valencia la unión efectiva de todos los grupos disidentes del partido federal . Se unen y firman el manifiesto, que proclama las bases de la unión, tanto los federales históricos como los pactistas, tanto los amigos de Blasco como los enemigos de ayer.
Pese a esta posición ?suya de acatamiento y disciplina dentro del partido, se advierte una ligera sombra de cansancio o decepción. Estamos celebrando año tras año esta fecha de aniversario, estamos añorando platónicamente la República, sin pasar nunca del terreno de la propaganda al de las realidades
.
Los acontecimientos del exterior se precipitan de manera que La Restauración se convierte en una experiencia lamentable. El 24 de febrero los separatistas cubanos, como entonces se le llamaba, o los nacionalistas se sublevan en Baire y levantan bandera de sedición al grito de !Viva Cuba libre!
. Pronto se han de hacer famosos los nombres de José Martí, Máximo Gómez y Maceo.
Cuba se presenta como un enigma indescifrable y como una amenaza que ha de sumir a la nación en el duelo y llevarla al límite de la desesperanza. Para Blasco Ibáñez no hay cuestión indescifrable. Con la prontitud de una mente clara, traza el cuadro de las desdichas que se avecinan.
Los acontecimientos le fuerzan a que se muestre como un gran periodista.
Cuatro días después del alzamiento de Baire cuando las noticias aún son confusas y se desconoce, por tanto, el alcance de la rebelión, escribe uno de los más acusadores artículos: Lo de Cuba
.
Lo que ocurre en Cuba es motivo de preocupación en todos los círculos políticos.
El Gobierno permanece callado, las noticias que se tienen de Cuba resultan confusas, pero a pesar del misterio con que pretende envolverse la situación actual de la gran Antilla, resulta indudable que el elemento separatista se ha lanzado al campo, haciendo una nueva intentona para emancipar la isla, del poder de España.
Como era de esperar, el partido conservador, todos los representantes de la política cubana, eminentemente reaccionaria y principal culpable de los descalabros que nuestra patria a sufrido en dicha isla, han tomado pretexto en los recientes sucesos para abominar de las reformas antillanas que todavía están pendientes de discusión en el Senado.
No. la reciente insurrección (si es que realmente existe) no es el producto de las reformas, si no de los muchos años de despotismo arbitrario, de dictadura militar que viene sufriendo la isla de Cuba.
Si la restauración no hubiera mantenido en las Antillas ese régimen de procónsules con fajas y charreteras que tan tristes resultados produjo en tiempos de Isabel II; si se hubiera colocado a nuestras posesiones de América al mismo nivel de libertad y derechos que merecen por su cutura no habríamos tenido que lamentar esas intentonas separatistas que tantos perjuicios han causado a la patria.
Los que amamos la libertad con todas sus grandezas y todos sus defectos, debemos emplear la misma vara de medir en la Península que en las Antillas.
No. Las reformas que se propone establecer el gobierno en la isla de Cuba no pueden ser motivo de sedición.
Nadie protesta ni se subleva por que le concedan más libertad.
El movimiento separatista es consecuencia de opiniones anteriores.
Podrá ser que las presentes reformas provoquen protestas, pero esto ocurrirá más adelante, cuando los cubanos se convenzan de que taes reformas son una mixtificación como las libertades que aquí nos concede Sagasta.
No hay que lamentarse de que en Cuba se atente contra e orden público y la integridad de la patria. Mal es éste que no se cura con reformas anodinas y que seguirá manifestándose si no se le pone radical remedio.
Imitemos el ejemplo de Inglaterra maestra en el arte de conservar las colonias cuando éstas alcancen un grado de cultura igual al de la metrópoli.
Concedamos a Cuba la autonomía completa que de derecho le corresponde, como Inglaterra se la concedió al Canadá y vemos inmediatamente como la gran Antilla permanece tranquila sin necesidad de mantener en ella un gran ejército, y cómo en vez de maldecir a la patria española, la ama y la bendice
.
Pi y Margal como su maestro y jefe político escribe en idénticos términos:
El desmedido poder concedido a las autoridades allí enviadas, la organización militar que hemos dado allí a la administración; la presión bajo la que hacemos aún gemir aquel pedazo de tierra española, que más que trozo de la patria parece terruño olvidado. Los muchos que han ido a hacer real la tierra de Jauja y a enriquecerse con improvisadas fortunas, con todo esto, unido al abandono que, en lo que se refiere a obras de urbanización, denuncian cuantos han pisado la isla, hace hoy posible que un puñado de hombres levanten bandera y obliguen a capitular al Gobierno de la Península
.
Este es el comienzo de la cuestión cubana para Blasco Ibáñez. Tiene ante sí a toda la nación, que aún confía en el poderío militar de España. Toda la fuerza de Blasco Ibáñez no consta más allá de tres mil ciudadanos, que gran parte de ellos, se dejaran arrastrar por el entusiasmo de la guerra, y las cuatro páginas de un periódico expuesto a la vigilancia de un fiscal y a la voluntad de un gobernador. Con tan escasos elementos Blasco Ibáñez protesta. Defiende, no ya la autonomía de la isla, pues sabe que ya es demasiado tarde, si no la independencia total de la gran Antilla.
Su protesta es la de todos los grandes espíritus que en el mundo han condenado las violencias humillantes de las guerras. Ante la inutilidad de la guerra con Cuba, su protesta se hace humana. Y esa humanidad es la que le obliga a escribir uno de los artículos más valientes, desenfadados y sinceros que jamás escribe en su vida de periodista. Ante el embarque de tropas efectuado en el puerto de Valencia el día 8 de marzo, ante la ciudad que presenta el espectáculo doloroso de ver pasar por la calle matrimonios de labriegos que han venido a despedir a hijo, Blasco Ibáñez escribe con crudeza inigualable una página que titula El rebaño gris
.
Ayer fue embarcado en nuestro puerto el regimiento peninsular.
! Hermoso espectáculo!
Una masa de jóvenes vestidos con trajes de mecánica, pasando el portón que conducía a la escala del Antonio López, mirando en derredor con cierto azoramiento, andando como sonámbulos, sin osar volver la mirada atrás por miedo a que la tierra patria, que tal vez no vuelvan a ver, despertase en su memoria penosos recuerdos que hiciesen asomar las lágrimas a sus ojos. Un rebaño gris que, mansamente guiados por pastores tristes y desdentados, avanzaba sobre los embreados maderos, subiendo la escala para desaparecer en las entrañas del trasatlántico.
! Viva la patria! Hace falta carne humana en los hospitales; las fiebres antillanas, el feroz vómito negro están hambrientos de víctimas, y allá va con rumbo a las Antillas nuestra juventud robusta, arrancada al trabajo de los campos, a la industria de las ciudades, para caer exánime en la manigua o en el lecho caliente y apestado aún por el último moribundo, llamando en vano a la madre separada de ellos por miles de leguas.
Triste y oscuro es su porvenir, pero no pueden quejarse de la despedida.
Lo más selecto y distinguido ha ido a saludarles al alejarse de la Península.
Los que cobran los pingües sueldos de Cuba; los que por su nacimiento están seguros de que en caso de ruina el gobierno les dará algún puesto en las Antillas de esos que permiten hacer milagros; las gentes pudientes que por obra y gracia de seis mil reales tiene la generosidad de renunciar al alto honor de servir a la patria, fueron los que con más puntualidad acudieron a despedir a esos humildes obreros, enfundados en un uniforme, respetable, sí, porque es la vestidura reservasda a los parias, a los pobres, a los desgraciados.
No pueden quejarse esos infelices que se alejan con rumbo a la muerte. En la orilla estaban las madres y las hermanas conteniendo los sollozos. Veíanse las mujeres de los sargentos tragando sus lágrimas para no asustar a los niños que miraban con asombro en la popa del buque al padre vuelto de espaldas para ocultar su emoción; era dolorosa la despedida; pero ya estaban allí las autoridades para animar al rebaño repartiendo pesetas y tabaco, y tampoco faltaban hablando de la patria, honor, etc., esos buenos burgueses que a la menor alteración de orden público corren a esconderse en el último pueblo de la provincia, pero que, belicosos por afición, gustan de leer por las noches, en la caliente cama y con el gorro de dormir, las noticias de las batallas, y por las mañanas digieren mejor el chocolate si saben que
hemos vencido
.
¡ A Cuba, sí! Debemos defender nuestros intereses. Por el honor de España tenemos que guardar fusil en mano los millones de los negreros jubilados; debemos conservar la isla para que no se interrumpan las remesas de ladrones; es preciso conservar nuestras Antillas tal como hoy están, para que el mundo civilizado pueda apreciar un ejemplo palpable de cómo se gobernaban las colonias en tiempo del absolutismo.
El porvenir no debe inquietar a ese rebaño gris de infelices que se aleja. Más de una mitad estará antes de tres meses pudriendo tierra?pero ¿qué importa esto? También gozaran el envidiable honor de que Romero Robledo u otro de los
ingeniosos
políticos que tienen ingenios en Cuba los llore en el Congreso como héroes, como mártires de la patria, sin enterarse siquiera de sus nombres.
Y los que sobrevivan, si pueden volver a España, tiene asegurado su porvenir. Entre los que despidieron ayer no faltará quien les compre los abonarés irrisorios que con un descuento del noventa y nieve por ciento, y si quedan inválidos pueden aprender a tocar la guitarra para pedir una caridad a cualquiera de esas familias enriquecidas en Cuba y es posible que desde sus carruajes les arrojen dos céntimos
.
Entre la confusión y tristeza de los momentos que se viven, surge como una esperanza la caída del gabinete presidido por Sagasta. ?l día 17, grupos de patriotas exaltados, asaltan y saquean en Madrid la redacción de los periódicos El Resumen y El Globo. Sagasti cae arrollado por los acontecimientos ¿ Y si todavía se produjera el milagro de encontrar al hombre que apaciguase la hoguera de Cuba? Blasco Ibáñez se permite exponer una duda, pues teme que el sucesor de Sagasti no sea otro que Sagasti revivido. Escribe y publica La resurrección de Sagasta
el día 21 de marzo, y por este artículo es denunciado El Pueblo por cuarta vez.
Todas las esperanzas y dudas se desvanecen después de las consultas celebradas por los jefes de los partidos con la reina Regente: Cánovas del Castillo es el encargado de formar nuevo Gobierno.
Rara vez la pluma de Blasco Ibáñez se ha dejado llevar por el desaliento y la desesperación. El disconforme que hay en él ha gritado su rebeldía sin mediar las consecuencias. Pero ahora, con e espíritu conturbado por la tragedia nacional, siente no sólo su propia desesperación como español y como republicano, sino la de todo el país. Las breves líneas que describe el 24 de marzo tiene la frialdad dolorosa de una gran verdad a la que ya le han mutilado las más insignificantes esperanzas.
Azorín ya está presente en esta hora negra. Azorín vive de cerca la enconada lucha que sostiene Blasco Ibáñez. ¿Cuántas veces ha cruzado José Martínez Ruiz la puerta El Pueblo? ¿Cuántas veces ha dejado sobre la mesa del director un pequeño trabajo en él que enjuicia la temporada teatral, o en que comenta el ruidoso fracaso del drama Teresa de Leopoldo Alas? ¿Y no ha ido a entregarle a Blasco Ibáñez, un poco tímido, un poco cohibido, un folleto que titula Notas Sociales?
Baroja vive también estas horas de angustia y liquidación. Estará terminando su carrera de médico. Y viven también los Machado, y Pérez de Ayala, y Unamuno. Y todos sienten a misma desesperanza que Blasco Ibáñez. Ellos recogen la esencia de esa angustia nacional, la hacen carne y sangre de su temperamento artístico. Y toda esa obra futura, la obra de la generación del 98, estará impregnada de esa desesperanza, de ese pesimismo, de ese angustioso Finis
que Blasco Ibáñez ha escrito. Ellos no harán más que desarrollar, ampliar, dar vida y forma artística a las frases de ese epitafio que está en la conciencia y en la realidad de los españoles.
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