Año VII - Número 42
Actualizado a 06/09/2010
Antiguos astilleros de Valencia
Lucila Talens
Pórche de la entrada principal. f: P.Carsí
Forman parte de nuestro patrimonio como uno de los monumentos más importantes de la ciudad. Ejemplo del gótico civil de inspiración mediterránea, jugaran un gran papel durante el próspero siglo XV, época en la que nuestros antepasados realizaron expediciones de conquista dispuestos a abrir nuevos mercados.
En las atarazanas se construían y reparaban los navíos dentro de un edificio de cinco imponentes naves. Vamos a ver la historia de un lugar que con su quehacer contribuyó enormemente al desarrollo del puerto del Grao. No se trata de un edificio espectacular por su decoración apabullante, sino que estamos ante la pura y noble sencillez del arte gótico manifestado no a lo alto, sino a lo ancho, en un perímetro que sirvió de muestra del afán por la superación y el dominio de nuevas metas del pueblo valenciano.
Su remoto origen nos traslada a finales del siglo XIII. Por entonces el rey Pedro III, aspirante al trono de Sicilia, necesitaba una potente flota. Así pues, en el año 1284 concede licencia a los Cónsules de Valencia para construir un barracón en el Grao con la finalidad de guardar y reparar los barcos de la ciudad. A partir de entonces se incrementa la actividad y en 1338 se advierte ya la necesidad de disponer de un edificio más grande y propio. En el año 1377 se levanta una primera edificación que pronto resulta pequeña, por lo tanto, diez años después se decide la ampliación del recinto construyendo más porches o naves en parte cubiertas por un tejado de madera. El edificio comienza a marcar su propia morfología a base de arcos diafragma de perfil apuntado hechos de ladrillo. Un año después, se vuelve a ampliar.
De todo ello se deduce que estamos ante una construcción concebida por etapas. Se carecía de un plan previo general por lo tanto se fueron alzando naves según las necesidades. Esta etapa constructiva se extendería hasta el año 1398.
Siglo XV, época de esplendor.
A principios del siglo XV el conjunto ya denota una configuración. El núcleo central está constituido por cinco naves longitudinales formadas cada una por nueve arcos diafragma apuntados. Estos arcos realizados en ladrillo se apoyan sobre pilares rectangulares que son transversales al eje mayor de las naves y sustentan dos arcos cada uno, a excepción de los flancos norte y sur que lo hacen sobre contrafuertes. Las naves están comunicadas entre sí por otros ocho arcos, apuntados también, pero de menor distancia longitudinal. Todo el conjunto tiene una dimensión aproximada de 3.500 m² y se convierte en el mayor espacio cubierto de la arquitectura medieval valenciana. La planta es rectangular y la quinta nave es algo mayor que las otras. La techumbre es de madera y a doble vertiente y su factura se resuelve a base de vigas de madera y tejas planas de estilo catalán.
La edificación es muy similar al tipo de arquitectura de los arsenales mediterráneos. Éstos derivan directamente de las denominadas navalias romanas que eran grandes recintos levantados sobre arcos. Podemos apreciar construcciones similares en otras ciudades españolas como Barcelona, Sevilla y Málaga y también en urbes italianas como Génova y Pisa.
El actual porche transversal que se abre en la puerta delantera no existía sino que fue añadido durante la última restauración acaecida en el siglo XX. Sin embargo sí que han llegado hasta nuestros días elementos originales de la primitiva edificación como son los cuatro canalones de piedra que servían para recoger agua, adornados con el escudo de la ciudad de Valencia.
Durante todo el siglo XV el recinto estuvo en pleno auge con la construcción de buques y galeras. A su alrededor existían una serie de dependencias que actualmente han desaparecido. Se trataría de estancias destinadas a guardar armas, remos y demás utensilios. También habría un comedor, una carnicería y corrales para aprovisionar a los trabajadores. Probablemente se construyeron en ladrillo recubierto de yeso por lo que este material tan perecedero no ha resistido el paso del tiempo. Frente al patio se levantaba una alta pared que separaba el espacio del mar. Esta pared era derribada y vuelta a levantar cada vez que un barco salía al agua. Además, en la parte posterior debió de haber unas balsas de agua para preparar la madera que requería la fabricación de los buques.
En 1410 se decide ampliar el conjunto y para ello el gobierno de la ciudad contrata al cantero valenciano Francesc de Tona que se compromete a edificar un nuevo porche. Sabemos que su coste fue de siete mil florines de oro lo que demuestra el empeño de los dirigentes en mantener y conservar el lugar. Estas obras se realizan entre los años 1416 y 1418. Todo el lugar estaba rodeado de un muro perimetral que servía de muralla defensiva. Esta muralla se abría por tres puertas una de las cuales se encontraba en la plaza de la iglesia de Santa María del Mar.
Durante lo que resta de siglo se hacen mejoras contribuyendo a que las atarazanas de Valencia estuvieran a la altura de las más importantes del Mediterráneo, comparándolas incluso a las de Venecia que eran consideradas en aquella época como las mejores del mundo.
Siglo XVI, comienzo de la decadencia.
A partir del siglo XVI el edificio comienza a reconvertirse para servir como depósito de grano y de artillería alejándose cada vez más de su primitiva concepción de arsenal para la construcción naval. Para acondicionar el edificio a las nuevas necesidades se realizan tareas de reconstrucción entre los años 1525 y 1527. Pere Compte fue el encargado de llevar a cabo esta tarea de remodelación siendo sustituido en 1545 por Miquel Joan Porcar. El edificio se restaura para que pudiera albergar a visitantes ilustres y se añaden dependencias de representación como la Sala de Reuniones para los Jurados de la Ciudad además de otras estancias más señoriales. Asimismo se edifican departamentos destinados a almacenes de material bélico como la Casa de Armas, de Artillería y de la Pólvora.
Sin embargo, a mediados de siglo el recinto pierde su importancia como lugar emblemático del Grao. Son las fechas en se construye el baluarte, que pasa a tener mayor importancia por su función de defensa del puerto. Por lo tanto, podemos decir que en 1545 se había contratado la última gran intervención en las atarazanas hasta su venta a particulares en 1840. A partir de aquí el recinto va siendo poco a poco abandonado a otros menesteres que resultaron perjudiciales para su arquitectura.
El proceso de recuperación del edificio de las atarazanas se inicia ya en el siglo XX, concretamente el 11 de noviembre de 1949 cuando es declarado BIC y Monumento Histórico. A partir de ese momento las naves, que habían sido desglosadas y vendidas, son protegidas para recuperar de nuevo su integridad. Después de varios años, comienza una restauración que termina convirtiendo al recinto en Sala Municipal de Exposiciones, función que continua elaborando en nuestros días con éxito.
Para saber más les recomiendo el libro de Gemma Contreras Zamorano Las Atarazanas del Grao de la mar
que fue publicado por el Ayuntamiento de Valencia en 2002. Se trata de un extenso y detallado estudio sobre este singular edificio. En sus páginas se encuentran pormenorizadas y muy bien documentadas las más diversas situaciones y todos los avatares por los que atravesó su construcción.
Redacción, administración y publicidad
Guillem de Castro 121, 2ª - 46008 Valencia
Tel. y Fax: 96 338 11 33 - Movil: 686 91 46 44
E-Mail: arteylibertad · hacemosciudad